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Verano de oasis vallados

Verano de oasis vallados

El verano se ha puesto a zumbar ahí fuera antes de tiempo. Mosquitos y ventiladores cuelan por la ventana la sinfonía de siempre, aunque ahora desafinen. Huele a sudor, a sandía y bronceadores en este junio que tendría que ser marzo si el virus no se hubiera entretenido arrancándole la primavera al calendario para ahogarnos de repente en este 'tsunami' de calores. Dicen que en julio habremos resucitado, pero lo que asoma a lo lejos es un árido desierto de oasis vallados y cuerpos desnudos bajo rostros embozados por mascarillas. Iremos a la playa de incógnito y plantaremos la sombrilla con recelo, alejándonos del otro y faltando por una vez a la tradición nacional de construir asentamientos a base de pegarle la toalla al primer colono. Nadaremos en piscinas parcheadas por tantas calles que costará encontrar la nuestra (la rápida, faltaría más). Haremos largos en bañeras cortas, como cuando éramos niños y el otoño era una hoja en blanco.