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Síndrome de Stendhal

Síndrome de Stendhal

SI ALGO bueno ha traído la pandemia es una drástica rebaja de las expectativas. El virus puso la vida entre paréntesis; la reapertura la ha colocado entre interrogantes. No hay planes, sólo una burbuja en blanco flotando sobre nuestras cabezas como en los cómics, en el hueco donde antes se leían proyectos, viajes, mudanzas, rupturas. Ni hoy es Día D, ni ésta es la Hora H. Son las diez y media de la mañana de un martes y hay que barrer este trozo de calle sin mirar lo que queda por delante. Ni esperar mucho, tras unos meses en los que lo más trepidante que pasaba era el centrifugado de la lavadora. Ahora que salimos del letargo, y hasta la belleza empieza a desconfinarse, habrá que aprender a beberla a sorbos. No emborracharse de golpe, después de una abstinencia que nos ha dejado sin defensas, víctimas del Síndrome de Stendhal cada vez que florecía un geranio en la ventana.