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Rusia y China: dos sistemas autoritarios condenados a entenderse ante las presiones de Occidente

Rusia y China: dos sistemas autoritarios condenados a entenderse ante las presiones de Occidente

La sintonía entre Moscú y Pekín se da, no solamente en las relaciones económicas, comerciales y en la visión convergente de la situación internacional, también en el ámbito de la defensa

Pese a desavenencias ya superadas, Rusia y China comparten frontera, un pasado común comunista y una hostilidad compartida hacia los valores occidentales. Aunque con sistemas de desarrollo económico muy diferentes, ambos países son complementarios: Rusia es una fuente ingente de materias primas mientras China las necesita para su pujante industria. La coyuntura internacional les ha empujado a buscar un mayor acercamiento para protegerse de la «amenaza» que creen que para ellos supone Estados Unidos.

A juicio del politólogo ruso, Vladislav Inozémtsev, los dos grandes países comparten una misma idea de cómo ha de ser la política. Es decir «autoritaria». Según sus palabras, «la decisión de la élite china de unirse a la secta cuyos miembros son Maduro, Lukashenko y Putin es reveladora». «La economía más grande del mundo siguiendo al dueño del arsenal nuclear más grande del planeta (...) prefirieron el autoritarismo explícito a cualquier experimento protodemocráticos», señala Inozémtsev en un artículo publicado el año pasado.

Durante la visita que el presidente chino efectuó a Moscú en junio, él y su homólogo ruso, Vladímir Putin, constataron su coincidencia total en cuanto a cómo deben resolverse asuntos como el problema nuclear iraní, Corea del Norte, la guerra en Siria, la crisis en Venezuela y la «gran conflagración comercial» con Estados Unidos. Se detuvieron especialmente en Venezuela dentro de la declaración conjunta que firmaron para denunciar los intentos «ilegítimos» de desalojar a Nicolás Maduro del poder.

La sintonía entre Moscú y Pekín se da, no solamente en las relaciones económicas, comerciales y en la visión convergente de la situación internacional, también en el ámbito de la defensa. El pasado mes de octubre, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, corroboró que con China existe «una relación especial» a nivel castrense.

Unos días antes, Putin anunció que su país está ayudando al régimen chino a desplegar un sistema de alerta temprana antimisiles para detectar posibles lanzamientos de cohetes intercontinentales y poder proceder a su destrucción. Tal dispositivo lo tienen hoy día solamente Rusia y EE.UU. El presidente ruso aseguró que «seguiremos colaborando con nuestros socios chinos, no sólo en el terreno militar, sino también en el aeroespacial».

Ambos países llevan años colaborando en el sector de la defensa, realizando incluso maniobras conjuntas cada año. Los últimos ejercicios tácticos con participación de tropas chinas, los denominados «Tsentr-2019» de desarrollaron en septiembre en la región rusa de Oremburgo, junto a la frontera con Kazajstán. De mayor envergadura fueron las maniobras conjuntas, las mayores realizadas jamás antes en Rusia, que militares rusos y chinos organizaron en 2018 en Siberia oriental y el Extremo Oriente ruso, las «Vostok-2018». Acudió Xi a presenciarlas.

Pero hay muchos expertos rusos alertando de que China ve a Rusia más como un socio del que sacar partido que como un aliado. Pekín sabe que Moscú nunca le reprochará la conculcación de derechos humanos elementales ni tampoco sus deseos de incorporar Taiwán a su territorio. Pero el presidente de la Academia de Problemas Geopolíticos, Konstantín Sivkov, teme que las tecnología militar que Moscú comparte con Pekín se le puede volver en contra algún día, por ejemplo, si los chinos decidiesen recuperar la parte de Manchuria que pertenece a Rusia.

El pasado mes de marzo se cumplió medio siglo desde que estallará el conflicto fronterizo entre ambos países, que duró seis meses y arruinó las relaciones entre los dos sistemas comunistas. Moscú tuvo que ceder a su vecino asiático algunas islas en el río Ussurí, la Damanski entre ellas, lo que abrió el camino a la normalización de relaciones.