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Matanza de Daesh en pleno proceso de paz entre EE.UU. y los talibanes

Matanza de Daesh en pleno proceso de paz entre EE.UU. y los talibanes

Un ataque suicida causó al menos 63 muertos entre los asistentes a una boda en Kabul

Kabul llora a sus muertos. El grupo yihadista Daesh perdió el califato que levantó en Siria e Irak, pero conserva su capacidad de generar terror como demostró en la noche del sábado en la capital afgana. Una operación suicida del brazo afgano del autodenominado Estado Islámico acabó con la vida de al menos a 63 personas que habían acudido a celebrar una boda al salón Dubai City, al oeste de Kabul, en un barrio de la minoría chií. Los talibanes, inmersos en un proceso de paz con Estados Unidos y que hace diez días atentaron contra una comisaría en la capital y mataron a 14 personas, condenaron de forma «rotunda» el atentado. Su portavoz, Zabiullah Mujaheed, envió un mensaje a los medios en el que aseguró que «no hay justificación para semejante carnicería de mujeres y niños».

El brazo de Daesh en Afganistán reivindicó la acción en la red Telegram con un breve texto en el que explicó que primero se inmoló un atacante suicida, identificado como Abu Asem al Pakistani, y «cuando las fuerzas de seguridad llegaron al lugar los muyahidines hicieron detonar un coche bomba aparcado». Los yihadistas identificaron su objetivo como «una gran concentración de los renegados politeístas», forma referirse a la minoría chií del islam a la que pertenecen los hazara del país, golpeados de forma sistemática por Daesh, que los considera herejes.

«Es doloroso ver cómo el mundo cierra los ojos» al sufrimiento del pueblo afgano, tuiteó el jefe de gabinete de los servicios secretos afganos, Rafi Fazil, en una jornada marcada por los funerales y las escenas de dolor de los familiares a las puertas de los hospitales. «Los talibanes no pueden exonerarse de la culpa, ya que proveen una plataforma para los terroristas», afirmó el presidente, Ashraf Ghani, antes de apuntar también a la comunidad internacional para advertir de que «no debería quedar indiferente ante este tipo de actos inhumanos».

Este no es el primer ataque de este tipo. En noviembre, más de 50 personas murieron en el salón para bodas Uranus de Kabul, que ese día había sido alquilado para una celebración religiosa con motivo del cumpleaños de Mahoma. Este atentado llevó a los dueños de este tipo de establecimientos a quejarse ante las autoridades por la falta de seguridad. «O envían policías o al menos que accedan a sentarse para ver cómo podemos asegurar este tipo de eventos», declaró entonces a la cadena local Tolo Mohammad Nader Qarghayee, representante de los empresarios. Los responsables del gremio lamentaron que «vemos veinte guardias en torno a las casas de los políticos, pero el Gobierno no quiere enviar a nadie a custodiar unos salones donde pueden llegar a juntarse hasta 5.000 personas».

Nueve meses después el terror les ha vuelto a golpear con la misma estrategia suicida y no confían demasiado en las promesas de unas autoridades superadas por la doble amenaza de Daesh y los talibanes.

Retirada de tropas

El atentado se produjo la víspera del centenario de la independencia de Afganistán y volvió a demostrar la fragilidad de la seguridad en el país. Estados Unidos cuenta los días para iniciar la retirada de sus 14.000 hombres tras una guerra de casi dos décadas y el propio Donald Trump tuiteó el viernes que «ambas partes buscamos llegar a un acuerdo», en referencia al proceso abierto en Doha con los talibanes.

El punto clave es la salida de las fuerzas estadounidenses a cambio de que los talibanes no den cobijo a grupos extremistas que puedan atacar luego intereses norteamericanos