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Los políticos, más contaminados y amenazados por el coronavirus que el resto de la población francesa

Los políticos, más contaminados y amenazados por el coronavirus que el resto de la población francesa

El palacio del Elíseo fue uno de los primeros focos de inquietud e incertidumbre

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La clase política francesa está más contaminada y amenazada por el coronavirus que el resto de la población, víctima de un contacto directo permanente con sus electores, impuesto por el modelo electoral y la tradición del servicio público.

El palacio del Elíseo fue uno de los primeros focos de inquietud e incertidumbre. Patrick Strzoda, director de gabinete de Emmanuel Macro, fue una de los primeros políticos profesionales confinado «por precaución», el 10 de marzo pasado, cuando se temía que otros casos pudieran descubrirse, entre la «guardia pretoriana» del presidente de la República, en el palacio del Elíseo.

Se tomaron con celeridad medias de urgencia, con un cordón de seguridad sanitaria en torno al presidente Macron y su esposa Brigitte.

El consejo de ministros fue muy pronto motivo de inquietud.

Seis días antes de la primera vuelta de las recientes elecciones municipales, Franck Riester, ministro de Cultura, dio positivo al coronavirus el 9 de marzo pasado. Fue confinado inmediatamente. Riester se recupera lentamente. Durante los dos últimos quince días, también han sido contaminadas las secretarias de Estado Emmanuelle Wargon y Brune Poirson.

Emmanuel Macron celebra los consejos de ministros y reuniones de urgencia a través de video conferencias.

La Asamblea Nacional (AN, primera cámara del Parlamento francés) se confirmó con rapidez un foco de incertidumbre sanitaria y posible difusión del coronavirus.

Hacia el 15 de marzo pasado, el día de la primera vuelta de las elecciones municipales, se confirmó que una veintena de diputados habían dado positivo y se veían forzados al internamiento o confinamiento de urgencia. El vespertino «Le Monde» estima que esa cifra pudiera ser hoy muy superior, pero la AN y los distintos grupos parlamentarios prefieren guardan una prudente «reserva».

Entre los 104 diputados conservadores del grupo Los Republicanos (LR, el partido de Nicolas Sarkozy), 15 están contaminados. Varios de ellos estuvieron presentes en el mitin de campaña municipal de su candidata a la alcaldía de París, Rachida Dati, ex ministra de Sanidad de Nicolas Sarkozy, que fue la gran estrella de un acto de campaña electoral, el 9 de marzo pasado.

Primera víctima

Causó una cierta emoción nacional la muerte de Patrick Devedjian, el 29 de marzo pasado. Era la primera víctima de una personalidad política de primer rango, figura histórica del conservadurismo francés de los últimos treinta años, amigo íntimo de Nicolas Sarkozy.

Entre los 297 diputados de La República En Marcha (LREM), el partido de Emmanuel Macron, 15 o 20, según las fuentes, estarían contaminados. Richard Ferrand, presidente de la Asamblea Nacional (AN), miembro de la guardia pretoriana de Emmanuel Macron, pasa mucho tiempo cada día intentando dar ánimo a su grupo parlamentario y al conjunto de los representantes de las distintas fuerzas políticas.

El PCF, por su parte, ha perdido a media docena de personalidades históricas del comunismo francés. El PS ha perdido a dos alcaldes de ciudades de talla media. La Francia Insumisa (LFI, extrema izquierda populista) es víctima de bajas de diversa naturaleza.

Excepción en la clase política, la Agrupación Nacional (AN, extrema derecha) de Marine Le Pen, que solo ha informado de dos casos de «contaminación benigna».

«Le Parisien» (matutino popular, muy riguroso) comenta de este modo la propagación de la epidemia entre la clase política francesa: «Pudiera pensarse que la clase política nacional está más tocada que la media de la población. El modelo electoral impone la elección directa: se elige a personas, antes que a partidos. Y ese tipo de elección obliga a alcaldes, diputados y senadores a un contacto permanente y directo con sus electores, exponiendo a los políticos en una medida bastante alta y posiblemente peligrosa».