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Las prisas de Donald Trump

Las prisas de Donald Trump

Donald Trump no tardó en movilizarse en cuanto se hizo público el fallecimiento de la juez Ruth Bader Ginsburg. Sin duda la suerte estaba de su parte, pues algo tan improbable como nominar a tres jueces a la Corte Suprema durante un mandato presidencial podía sucederle a él. Este sábado anunció lo que horas antes ya se daba por sentado: su nominada al Supremo para ocupar el puesto de la célebre RBG es la juez Amy Coney Barrett. Tras la muerte de quien podría ser su predecesora, Trump dijo que postularía a una mujer pero, más allá de su género, poco tienen en común RBG y Barrett.

Entre los numerosos logros de Ginsburg, quien ganó cinco de seis casos por discriminación de género ante el Supremo, destaca su defensa del derecho constitucional de las mujeres a abortar. Aún cuando tuvo reservas sobre la histórica decisión de 1973 en el caso Roe contra Wade que legalizó el aborto -desde su perspectiva la decisión debió basarse en la igualdad de protección y no en el derecho de privacidad- en las audiencias de su confirmación reafirmó que es esencial que la mujer sea la que decida en lo que respecta a sus derechos reproductivos. Para ella, que desde muy joven rompió las más persistentes barreras, la autonomía de las mujeres es primordial para desterrar la discriminación de género y los estereotipos que, a su juicio, son igualmente perniciosos para hombres y mujeres.

La candidata de Trump tiene sobresalientes credenciales académicas y una amplia trayectoria judicial. En temas fundamentales que estarán en juego en el máximo tribunal del país, Barrett se ajusta a las aspiraciones de Trump de cara a su electorado: sobre el aborto ha manifestado que "siempre es inmoral" y en su récord judicial ha votado a favor de imponer restricciones al acceso a la interrupción del embarazo. La actual juez federal, que es una católica devota y discípula del desaparecido juez de la Corte Suprema Antonin Scalia (conservador y apegado a la interpretación originalista de la Constitución), también ha cuestionado la constitucionalidad de la Ley de Cuidado Asequible que impulsó Obama y que Trump ha intentado por todos los medios eliminar a pesar de no haber presentado una alternativa viable. Dicha ley se volverá a discutir el 10 de noviembre en una Corte Suprema que podría tener la mayoría conservadora que el presidente y sus acólitos se apresuran a consolidar.

Además de la promesa que hizo hace cuatro años de nombrar jueces pro vida -Barrett sería la tercera tras los nombramientos de Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh-, la otra prioridad de Trump es la de contar con la totalidad de los nueve jueces el día después del 3 de noviembre. Tal y como hizo en 2016 contra Hillary Clinton, vuelve a agitar el fantasma de un supuesto fraude si perdiera frente a Biden. En su empeño por enturbiar el proceso electoral si los resultados no le beneficiaran, ha dicho que el asunto podría acabar en la Corte Suprema y de ahí su prisa por que se ocupe la vacante de RBG.

Con casi toda seguridad, un cambio en el equilibro ideológico del Supremo puede afectar a generaciones venideras. Esto lo previó RBG en su lecho de muerte y le dijo textualmente a su nieta que esperaba no ser reemplazada hasta que se instale el nuevo presidente. Pero conociendo a Trump era esperar demasiado.


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