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La juez Amy Coney Barrett, nombrada por Trump a la Corte Suprema de EEUU, defiende su candidatura ante el Senado

La juez Amy Coney Barrett, nombrada por Trump a la Corte Suprema de EEUU, defiende su candidatura ante el Senado

El Partido Republicano tiene un plan trazado para traicionar sus propios principios y su idea es ejecutarlo en el menor tiempo posible. La meta es confirmar en cuestión de días la candidatura de Amy Coney Barrett al Tribunal Supremo tras la vacante dejada por la muerte de la juez Ruth Bader Ginsburg, cuatro años después de bloquear durante nueve meses al candidato propuesto por Barack Obama tras la muerte del conservador Antonin Scalia, sosteniendo entonces que la nominación debería esperar hasta después de las elecciones.Este lunes, la Cámara alta, de mayoría republicana, puso en marcha las sesiones para ratificar a la magistrada ultraconservadora, ignorando por completo los argumentos que entonces esgrimió con tanto vigor.

Su objetivo es osado: ratificar a Barrett antes de las elecciones del 3 de noviembre, es decir, en menos de 22 días. De lograrlo, y parece factible, romperían una marca. Anteriores procesos, como el de Brett Kavanaugh -el más reciente en 2018- o el de Neil Gorsuch, superaron al menos los dos meses y requirieron numerosas sesiones con duros enfrentamientos entre demócratas y republicanos.

Sería el tercer juez que accede al Supremo durante la Presidencia de Donald Trump, inclinando la balanza claramente hacia el lado conservador, 6-3, un legado que perdurará en el tiempo puesto que se trata de un puesto vitalicio. Los demócratas parten de nuevo con minoría en el Senado y con el temor a que la ratificación de Barrett ponga en peligro asuntos capitales como el Obamacare o las leyes del aborto vigentes en Estados Unidos desde hace décadas.

Ambas posturas quedaron claramente perfiladas en los discursos de apertura de las sesiones ante una atenta Barrett, vestida de magenta y protegida por una mascarilla negra. Los republicanos, liderados por Mitch McConnell -el mismo que rechazó la opción de Merrick Garland, el nominado por Obama para el Supremo nueve meses antes de las elecciones de 2016- alabaron con entusiasmo la figura de Barrett por su brillante carrera judicial y sus valores como madre trabajadora, al tanto de sus siete hijos y su marido.

Los progresistas, por su parte, alertaron del posible favoritismo hacia los intereses de Trump que podría suponer la llegada de Barrett al Supremo. El senador Richard Blumenthal, representante por Connecticut, advirtió del peligro que puede suponer la intervención de la magistrada en el proceso electoral como ha sugerido Trump. "Inmediatamente haría un daño explosivo y duradero a la legitimidad del tribunal y a su propia credibilidad. Debe recusar", dijo.

La senadora Kamala Harris, candidata a la vicepresidencia en el 'ticket' de Joe Biden, atacó por otro flanco, el del coronavirus, en pleno resurgir de casos a nivel nacional. "Esta audiencia debería haberse pospuesto", dijo Harris. "La decisión de celebrar esta audiencia ahora es imprudente y pone en riesgo a los trabajadores de las instalaciones, al personal de limpieza, a los asistentes del Congreso y a la policía del Capitolio. Sin mencionar que mientras decenas de millones de estadounidenses luchan por pagar sus facturas, el Senado debería priorizar el paquete de alivio del coronavirus y brindar apoyo financiero a esas familias".

Trump, por su parte, criticó que se le esté dando tanto tiempo a los demócratas para exponer sus argumentos contra una mujer que considera maravillosa. "Personalmente me retiraría, aprobaría e iría por el estímulo para la gente", escribió, en referencia al paquete de ayudas económicas que llevan semanas discutiendo ambos bandos para dar un impulso a la maltrecha economía estadounidense.


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