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Jeremy Corbyn, un radical como dique al Brexit duro

Jeremy Corbyn, un radical como dique al Brexit duro

A sus 70 años y con un mensaje de finales del siglo pasado, encarna mejor que ningún otro en el Reino Unido la respuesta directa ante el poder establecido. Él también se ha subido a la ola europea de viejas ideologías que se presentan, en la segunda década del siglo XXI, como un ideario nuevo dispuesto a solucionar la problemática moderna.

En Jeremy Corbyn no hay nada original, y, sin embargo, es el último dique que puede evitar que el país rompa de forma traumática con la Unión Europea y se lance en brazos de los Estados Unidos de Donald Trump.

El mayor problema para que el laborista llegue a Downing Street es que no es, ni será, un hombre de consenso. Sus seguidores, que se encuentran fundamentalmente entre unas bases del partido que le auparon a conseguir una sorprendente victoria en 2015, atisban en él al líder definitivo, mientras que sus detractores, entre los que causa auténtico pavor, le ven como una amenaza absoluta por todo lo que representan sus ideales.

La suerte para Corbyn es que estas elecciones se juegan en un terreno que le es muy favorable. La sociedad británica, polarizada tanto por la crisis económica como por el referéndum de salida de la Unión Europea de 2016, no entiende en este momento de medias tintas. Es por eso que el laborista, conocido por su ideología antiimperialista, euroescéptica y anticapitalista, encuentra calado a su mensaje y acostumbra ya a protagonizar remontadas de última hora en las dos campañas para las generales en las que ha participado.

De hecho, Jeremy Corbyn tiene que agradecerle a Boris Johnson el hecho de haber sacado al Brexit del tablero de juego. El líder conservador creía que, centrándose en puntos como el Sistema Nacional de Salud, como ya se hizo en la campaña del Leave, podría pescar en todas las clases sociales para obtener una mayoría que pretendía ser absoluta, pero el tiempo ha demostrado que esta estrategia ha favorecido a su rival.

Para el veterano político laborista el tema del abandono de la Unión Europea siempre ha resultado muy incómodo, sobre todo porque desde muchos sectores moderados de la izquierda del país se le ha reclamado que abanderase una permanencia en la que él no cree. Por eso cuando rivales como Theresa May le han apretado en ese aspecto, se le ha visto incómodo.

Sin embargo, al fijar Johnson las prioridades de las elecciones en el ámbito social, Corbyn se ha desenvuelto como pez en el agua. Amante de los mítines, no le ha costado nada aprovechar situaciones como la del niño de 4 años durmiendo en el suelo de un hospital por la falta de camas para recordar los recortes de los conservadores y su supuesta intención de entregar el NHS a los estadounidenses. Al premier, al que se le está haciendo largo el camino hasta las urnas a pesar de ser un hombre de campañas, se le ha visto sudar con estas acusaciones.

Por el momento, Corbyn solo ha tenido un único y gran punto flaco en estas elecciones, y es el hecho de no haber llegado a los comicios con el partido aseado y libre de los más de 70 casos de antisemitismo que se han denunciado entre sus filas. Con varios casos aún por investigar, los que se han saldado con expulsión de los implicados han tenido su resolución hace no demasiado, lo que deja entrever una cierta prisa por la cercanía de la llamada a las urnas.

A pesar de la enorme mejora en los resultados registrada desde noviembre hasta ahora, en el partido laborista, donde también tiene muchos detractores, se empiezan a preguntar ya si su líder no habrá tocado techo, por lo que una derrota que parece bastante probable podría precipitar su caída en un 2020 que promete ser intenso para la política británica y en el que se debatirán temas tan vitales como la relación futura con la Unión Europea.