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Graves disturbios en Georgia entre miles de opositores y la Policía

Graves disturbios en Georgia entre miles de opositores y la Policía

La presencia «estelar» de representantes rusos en una Conferencia en Tiflis, detonante de las protestas violentas

De acuerdo con las últimas cifras facilitadas por el Ministerio de Sanidad georgiano, durante los desórdenes de ayer jueves por la noche en el centro de Tiflis, la capital del país, hubo 240 heridos, de los que 80 eran policías. Los enfrentamientos con las fuerzas del orden, que emplearon contra la multitud gases lacrimógenos y balas de goma, estallaron cuando cerca de 10.000 manifestantes opositores trataron de penetrar en el edifico del Parlamento. Protestaban por la presencia de una delegación parlamentaria rusa.

La Cámara georgiana acogió ayer el foro llamado Asamblea Interparlamentaria Ortodoxa con participación de legisladores de varios países, Rusia entre ellos. Durante el evento, el diputado ruso, Serguéi Gavrílov, se hizo cargo de la presidencia de la conferencia y se sentó en el sillón del presidente del Parlamento.

Este hecho, al parecer, fue el detonante de la manifestación de protesta, ya que Gavrílov, además de ser un incondicional del presidente Vladímir Putin, mantiene estrechos contactos con los dirigentes separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, provincias pertenecientes a Georgia pero desgajadas del país con la ayuda de Moscú. Lo cierto es que la delegación rusa con Gavrílov al frente abandonaron inmediatamente Georgia con destino a Moscú ante el cariz que estaban adquiriendo los acontecimientos.

Tras los choques con la Policía frente al Parlamento, los manifestantes se trasladaron después a la sede del partido gobernante, llamado Sueño Georgiano, asaltaron las oficinas y quemaron en la calle las banderas de la formación que hallaron en el interior del edificio. El primer ministro, Mamuka Bajtadze, ha acusado de los hechos a la "oposición radical", que exige ahora la dimisión del presidente del Parlamento, Irakli Kobajidze, y del ministro del Interior, Guiorgui Jakaria, por la actuación policial.

Mientras, la presidenta georgiana, Salomé Zurabishvili, que se encontraba en Bielorrusia para asistir en Minsk a la apertura de los Juegos Europeos, se ha visto obligada a interrumpir la visita y volverá hoy a Tiflis. Según sus declaraciones a través de Facebook, detrás de los disturbios está Rusia, país al que ha tachado de "enemigo y ocupante", ya que, según ella, "está interesada en provocar la división del pueblo georgiano".

El Ministerio de Exteriores ruso, en palabras del viceministro Grigori Karasin, ha condenado la acción de "las fuerzas políticas radicales de Georgia que han reventado la celebración de la Asamblea Interparlamentaria Ortodoxa y puesto de manifiesto su talante antirruso".

En declaraciones al canal Life Shot, Gavrilov asegura que recibieron "amenazas de muerte" en Tiflis y culpó a "fuerzas exteriores" de haber instigado los enfrentamientos. Señaló directamente al expresidente georgiano, Mijaíl Saakashvili, que se encuentra actualmente en Ucrania. La presencia de una bandera ucraniana entre los manifestantes está sirviendo a los medios de comunicación oficiales rusos para denunciar la supuesta implicación de Kiev en los incidentes.

Tras la guerra relámpago que lanzó Rusia contra Georgia en agosto de 2008, cuando Saakashvili dio orden de recuperar por la fuerza el control sobre Osetia del Sur, Moscú reconoció las independencia de éste territorio secesionista y también de Abjasia, convirtiéndolas en protectorados rusos y desplegando allí sus tropas. El resultado es que, pese al intento fallido de acercamiento a Moscú llevado a cabo por los sucesores de Saakashvili, Georgia trata hoy día de asociarse con la Unión Europea y la OTAN. El cambio de política tras la salida del poder de Saakashvili no fue suficiente para que el Kremlin propiciara la devolución a Georgia de Abjasia y Osetia del Sur, hecho que está haciendo que las relaciones entre Moscú y Tiflis sean cada vez más tensas y crispadas.