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Fin de la tregua política por el coronavirus: Marsella se rebela contra la ley seca impuesta por Macron

Fin de la tregua política por el coronavirus: Marsella se rebela contra la ley seca impuesta por Macron

La tregua entre las fuerzas políticas francesas, observada sin falla desde el comienzo de la epidemia de Covid 19, ha saltado por los aires. El cierre total de bares y restaurantes de Marsella ha provocado una rebelión local. El presidente conservador de la región habla de "castigo" y recurre a los tribunales y la alcaldesa ecologista critica la "unilateralidad". Los hosteleros, en pie de guerra, hablan de no respetar la ley seca.

El ministro de Sanidad, Olivier Veran, de visita ayer un hospital de Marsella, defendió la decisión: "Soy perfectamente consciente de que las medidas suscitan debate y provocan inquietudes y dudas, incluso ira. Pero son necesarias, no son arbitrarias y son temporales".

Durarán, en principio, 15 días y se justifican en tres criterios epidemiológicos: nuevos casos, porcentaje de pacientes Covid en UCI e incidencia en personas mayores. Éste último es el que ha determinado la inclusión de la conurbación marsellesa en estado de urgencia sanitaria.

Fue el propio Veran quien dio cuenta el miércoles por la noche de las restricciones impuestas a los dos departamentos (provincias) que inauguran la categoría escarlata: Guadalupe y la metrópolis Aix-Marsella donde viven 1,8 millones de personas repartidos en 92 comunas.

Ayer el titular de Sanidad hizo una mínima inflexión al admitir que el cierre comience el domingo en vez de hoy sábado. El primer ministro había rechazado 24 horas antes retrasar la medida diez días. Jean Castex defendió la decisión:"Si no actuáramos, podríamos encontrarnos como en primavera y eso quiere decir un nuevo confinamiento".

La medida adoptada en París por sorpresa suscitó de inmediato el rechazo de las autoridades locales. Renaud Muselier, presidente de Provenza, Alpes, Costa Azul, conservador, la consideró "un castigo" en declaraciones en todos los medios. La alcaldesa de Marsella, Michèle Rubirola, ecologista, se desgañitó criticando la "unilateralidad" del ejecutivo de París.

Muselier anunció un recurso ante los tribunales. Ayer se sumó a la fronda el profesor Didier Raoult, polémico defensor de la cloroquina, contestando los datos que, para él, "no justifican el menor pánico".

Los hosteleros muestran su rechazo. Algunos llaman a la rebelión y dicen que no cerrarán. Dicen que pagan justos (ellos que dicen respetar las consignas de seguridad sanitaria) por pecadores (los que se niegan a ponerse mascarilla, los jóvenes que hacen botellón etc.). Ayer, cientos de restauradores se concentraron ante el Tribunal de Comercio de Marsella donde, dicen, que se verán abocados a presentar sus suspensiones de pagos.

A las críticas se ha sumado, en otro tono, la alcaldesa de París. Anne Hidalgo ha denunciado la "falta de concertación" y expresado su desacuerdo con el cierre de bares a las 10 de la noche que entrará en vigor el lunes en París y 10 ciudades en "alerta máxima". Los restaurantes de esta zona rojo intenso no están sometidos a nuevas restricciones horarias.

El Gobierno francés ha dado esta semana una vuelta de tuerca a las medidas para luchar contra la pandemia que avanza imparable y ha obligado a aplazar algunas intervenciones en los hospitales parisinos. Preocupan los nuevos contagios. Pero, sobre todo, la velocidad a la que se multiplica el virus que de no frenarse podría poner en tensión a los hospitales y, sobre todo a las unidades de reanimación.

Esto parece haber inclinado al presidente de la República a seguir los consejos de los expertos y de su ministro de Sanidad. Cuando éste propuso en un consejo de defensa el 11 de septiembre el cierre de bares en Burdeos y Marsella se encontró con la negativa rotunda de Emmanuel Macron.

Es más, se ganó una bronca, filtrada a los periódicos, por las colas en los centros que hacen tests y la tardanza en los resultados. Desde entonces ha mejorado algo. Pero sobre todo han aumentado los contagios, espoleados por las fiestas de comienzo de curso y las reuniones de jóvenes.

Con todo, la situación no es comparable a la de primavera. La tasa R, que mide el número de personas contagiadas por cada enfermo es de 1,05 o 1,07, según las metodologías de cálculo. Para controlar la epidemia debe estar por debajo de 1. En el pico de primavera superó el 3.


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