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El ministerio de Educación, una piedra en el zapato para Bolsonaro

El ministerio de Educación, una piedra en el zapato para Bolsonaro

El último ministro de Educación de Brasil duró en el cargo cinco días. Carlos Decotelli dimitió tras haber falseado su currículum, abriendo así la enésima crisis en una cartera clave que se ha convertido en una fuente de quebraderos de cabeza para Bolsonaro.

Decotelli fue recibido con alivio por la comunidad educativa, tras la convulsa gestión de su antecesor, Abraham Weintraub. Tenía un perfil técnico y ya trabajaba en el ministerio, dirigiendo una autarquía encargada de la mayoría de programas de la educación básica en el país. Además, tenía un doctorado en la Universidad de Rosario (Argentina) y un posdoctorado en la de Wuppertal (Alemania). Sólo que no era exactamente así. Las dos universidades le desmintieron, y la Fundación Getúlio Vargas aseguró que tampoco ejerció allí como profesor titular. Cada día perdía una línea del currículum. Bolsonaro intentó mantenerle en el cargo, pero al final su caída fue inevitable.

"Decotelli 'el Breve' ha sido el mejor ministro de Educación que hemos tenido", ironizaban las organizaciones estudiantiles al recordar la gestión de sus antecesores. El primero, Ricardo Vélez, un profesor de origen colombiano, duró apenas unas semanas tras sufrir mucha contestación interna. Después llegó Weintraub, una especie de alma gemela de Bolsonaro, también amigo de las provocaciones. Arrancó en el cargo diciendo que las universidades públicas, tomadas por el 'marxismo cultural' son "madrazas de adoctrinamiento" y esconden plantaciones de marihuana. Cuando anunció la congelación de su presupuesto, miles de brasileños salieron a la calle, en las mayores protestas contra el Gobierno hasta la fecha.

Weintraub siguió acumulando polémicas. Las más recientes, unos comentarios racistas hacia China a raíz del coronavirus y amenazas a los jueces del Tribunal Supremo. Bolsonaro acabó pactando su salida y le propuso como representante de Brasil en el Banco Mundial. El bolsonarismo lloró su partida. Era uno de sus referentes, uno de los mejores representantes de la llamada 'ala ideológica del Gobierno'.

UNA DISPUTA DE PODER

Los continuos cambios en el ministerio también se explican por la disputa entre las diferentes corrientes internas que conviven en el Gobierno Bolsonaro: el ala más radical, que tiene por bandera la lucha contra el comunismo, la 'ideología de género' y otros temas de la moral y las costumbres; el sector de los fundamentalistas evangélicos, y el ala militar, nostálgica de tiempos pasados pero más pragmática. Últimamente se unieron los políticos del 'centrão', partidos sin una ideología clara que exigen cargos y cuotas de poder en el Gobierno a cambio de estabilidad parlamentaria.

El ansia de todos estos representantes por conquistar un bastión que consideran históricamente dominado por la izquierda está detrás de esta crisis enquistada, según sostiene la diputada de la oposición Tabata Amaral. "Son inhumanos los que perjudican la educación de miles de personas en nombre de proyectos personales para mantener una guerra cultural. No hay ideología que explique eso", lamenta esta joven parlamentaria, que cree que los problemas en la cartera más importante del país son reflejo de la visión "oscurantista" de Bolsonaro.

Poco se sabe del proyecto del presidente para la educación, más allá de su apuesta por delegar a militares retirados la gestión de escuelas públicas para transformarlas en centros de excelencia. La falta de un liderazgo se agrava con la pandemia, que refuerza la ya de por sí cruda desigualdad de la sociedad brasileña. Miles de estudiantes se enfrentan a la quimera de tener que seguir las clases online, en un país donde el 60 por ciento de casas no tiene ordenador. Al final, tras muchas presiones, se aplazó la prueba nacional de acceso a la universidad. Más delicada aún es la situación para los niños de primaria, que en muchos casos dependen de la escuela para tener un plato de comida caliente al día. Para responder a éstas y otras urgencias, Bolsonaro tendrá que nombrar a su cuarto ministro de Educación en menos de año y medio de mandato.

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