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El abrazo de Mauricio Macri y Alberto Fernández, un "milagro" para unir un país polarizado

El abrazo de Mauricio Macri y Alberto Fernández, un

A pocas horas de una cambio político que entra en la historia positiva del país, los argentinos se sorprendieron este domingo con una imagen inusual: un abrazo entre Mauricio Macri y Alberto Fernández, el presidente saliente y el entrante, representantes ambos de los dos polos políticos del país.

El "milagro" de domingo se produjo durante una misa en la Basílica de Luján, el principal templo de la religión católica en el país. Tanto el social-liberal Macri como el peronista Fernández aceptaron la invitación de Óscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, a una "misa por la unidad y la paz".

"Debemos hacer todo lo posible por resistir y no caer en la tentación de querer destruir al otro. En la patria, el otro es mi hermana, es mi hermano", dijo durante la misa el arzobispo Jorge Scheining.

El traspaso de mando del martes próximo incluye un dato fundamental: será el primero en 91 años en el que un presidente no peronista completa su período presidencial. Fernández, que ganó las elecciones de octubre con un 48%, tendrá una oposición fortalecida, ya que Macri obtuvo el 40%.

"Somos una alternativa sana de poder, representamos a millones de argentinos que nunca más se van a resignar. No nos van a llevar por delante", dijo Macri en la tarde del sábado durante una masiva manifestación de despedida en la Plaza de Mayo.

Macri y Fernández estuvieron acompañados por sus esposas y buena parte de los gabinetes saliente y entrante, que se fundieron en múltiples abrazos. Solo faltó Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta y vicepresidenta desde el próximo martes.

"Estamos agotados de tantos desencuentros y peleas. No se trata de una unidad homogénea o hegemónica, sino de una unidad necesaria para construir el país deseado y salir del laberinto en el que nos encontramos", señaló Scheining. El país atraviesa una severa crisis económica, con una inflación anual cercana al 60% y una tasa de pobreza que ronda el 40%.

Cuatro años atrás, Fernández de Kirchner se negó a participar en la ceremonia de traspaso de mando a Macri. La transición, esta vez, está siendo mucho más suave a partir del gesto del presidente saliente, que en la noche de su derrota convocó al ganador de las elecciones a un desayuno en la Casa Rosada al día siguiente, algo que nunca se había dado desde el regreso de la democracia en 1983.