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Diabólicamente brillante

Diabólicamente brillante

Se aprovechó de su cargo en el FBI al espionaje soviético durante 22 años. Delató a Poliakov y a otros tres agentes que fueron ejecutados. Traicionó a su país por dinero

Cando los agentes del FBI le detuvieron en 2001 tras haber dejado un paquete de documentos bajo un puente de un parque de Virginia, Robert Hanssen les dijo que llevaba mucho tiempo esperando ese momento. Había trabajado durante 22 años para el espionaje soviético y había logrado desviar las sospechas gracias a su buena suerte.

Para evitar la condena a muerte, Hanssen pactó una colaboración plena a cambio de cadena perpetua. Fue internado en una celda aislada en la prisión de Florence (Colorado), donde hoy sigue. Reconoció en el juicio que había estado vendiendo documentos de alto secreto al GRU, unidad de inteligencia militar soviética, a cambio de grandes sumas de dinero y diamantes.

Una de las razones por las que tardó tanto tiempo en ser detectado fue que siempre evitó contactos personales con los agentes soviéticos y que además operaba con el falso nombre de Ramón García. Por añadidura, la fortuna le sonrió en 1994 cuando la CIA descubrió a Aldrich Ames, un alto funcionario de la contrainteligencia que pasaba secretos a los rusos. Le achacaron a él la información que había facilitado Hanssen.

Tras ser detenido, el FBI creó un equipo que concluyó que su traición había provocado un daño «inmenso». Uno de sus jefes le calificó de «diabólicamente brillante», ya que ideó su propio código de comunicación con el GRU y seleccionaba los puntos de entrega.

Hanssen tenía una personalidad compleja y extraña. Había nacido en Chicago en 1944 en el seno de una familia luterana de origen danés. Tuvo una educación muy estricta, con un serio conflicto con su padre, que le consideraba una nulidad. Cursó estudios de odontología, pero nunca ejerció.

Se casó a los 22 años con Bonnie Wauck, con la que tuvo seis hijos. Su esposa, de origen polaco, era una ferviente católica. El matrimonio se mantuvo unido pese a las infidelidades de Hanssen, que se convirtió al catolicismo y se hizo miembro del Opus Dei. Asistía a misa a diario y no ocultaba su religiosidad cuando entró como agente en la Policía de Chicago. Se cansó de su trabajo al cabo de un par de años y solicitó el ingreso en el FBI, que le destinó a la oficina regional.

En Nueva York

Fue trasladado a la delegación en Nueva York, donde prestó servicio en la contrainteligencia del FBI y, más concretamente, se le encomendó la misión de localizar a agentes soviéticos. Fue en ese momento cuando se le ocurrió la idea de que podía obtener mucho dinero si vendía la información que pasaba por sus manos. Dicho y hecho.

Delató a Dmitri Poliakov, un alto mando del KGB que trabajaba para la CIA, que fue finalmente ejecutado en Moscú. También fueron fusilados tres dobles agentes soviéticos cuya identidad facilitó. Y no dudó en ofrecer los propios informes que realizaba el FBI sobre la infiltración soviética.

Fue denunciado por su propio cuñado que observó que manejaba grandes cantidades de dinero. Pero ya en ese momento las evidencias eran abrumadoras contra él. Había sido sorprendido entrando sin autorización en la base de datos del FBI y era notorio que tenía una aventura con una striper.

Su suerte se acabó cuando un exagente retirado del KGB le delató a cambio de varios millones de dólares. No sabía su nombre, pero entregó una cinta con una grabación telefónica en la que Hanssen concertaba una cita para vender documentos. Ése fue su final.