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De la caza de brujas al Rusiagate

De la caza de brujas al Rusiagate

"No tengo tiempo para nombrar a todos los que trabajan en el Departamento de Estado que han sido identificados como miembros del Partido Comunista y de una red de espionaje, pero tengo en mis manos una lista de 205". Con estas sombrías palabras del senador republicano Joseph McCarthy comenzaba un día como hoy hace 70 años uno de los periodos más oscuros en la historia del siglo XX en Estados Unidos.

Fue el 9 de febrero de 1950 cuando el senador de Wisconsin pronunció ante un club de mujeres republicanas en Virginia un discurso cargado de odio y resentimiento que recibió una inusitada atención mediática y que en muy poco tiempo dio paso a una temida caza de brujas contra los "traidores" de la patria que era todo aquel que fuera, apoyara o simpatizara con el comunismo.

Todo lo que oliera a rojo era considerado, cuando menos, sospechoso y sometido a una persecución ideológica sin igual al estilo de la Inquisición española, que coincidió en el tiempo con los primeros años de la Guerra Fría en los que el temor a una infiltración de agentes soviéticos en todos los sectores de la sociedad estadounidense afectó a sindicalistas, actores, periodistas e intelectuales de izquierda, muchos de los cuales acabaron exiliados.

En el punto de mira del temido Comité de Actividades Antiamericanas también estuvo Hollywood, responsable de las ominosas listas negras que truncaron las carreras de actores, directores y otros profesionales del cine, obligados a comparecer y testificar en unos mediáticos juicios en el Congreso en la época en la que el senador McCarthy pretendía, según sus palabras, "acabar con los enemigos del Estado".

Hubo estrellas del momento que hasta delataron a sus propios compañeros, como Elia Kazan, Cary Grant o un joven llamado Ronald Reagan. Otros, en cambio, se negaron a responder a las preguntas del tribunal y acabaron silenciados, como todavía se sigue recordando a los llamados Diez de Hollywood, entre los que se encontraban el director Edward Dmytryk o los guionistas Samuel Ornitz, Herbert Bierman o Dalton Trumbo.

También hubo quienes trataron de oponer resistencia, con más o menos suerte, como los centenares de estrellas que se unieron al llamado Comité de la Primera Enmienda, en el que estuvieron involucrados algunos de los actores y actrices más reconocidos de la época, como Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Frank Sinatra, Burt Lancaster, Charles Chaplin, Orson Welles, Katharine Hepburn o el recién fallecido Kirk Douglas.

"Creo que lo hice porque era demasiado joven. Si hubiera sido mayor creo habría actuado de forma más conservadora", llegó a contar el legendario actor en su libro Yo soy Espartaco, en el que recordó cinco décadas después cómo presionó para que Dalton Trumbo, quien durante años firmaba sus guiones con seudónimo para evitar la censura de la época, apareciera con su nombre en los créditos de la mítica película.

La herencia del macartismo

Para entonces McCarthy ya había sido censurado por el Senado y tres años más tarde murió de cirrosis. De esos terribles años quedó grabado el término macartismo, una realidad que ahora, siete décadas más tarde, aún sigue de rabiosa actualidad aunque por motivos bien distintos. Cuando el año pasado Donald Trump fue investigado por la trama rusa llegó a decir que estaba siendo objeto de una supuesta caza de brujas.

"¡Estudien al fallecido Joseph McCarthy, porque estamos en un periodo con Mueller y su pandilla que hacen que Joseph McCarthy se vea como un bebé!, ¡Caza de brujas fraudulenta!", tuiteó Trump en 2019. "Tantas vidas se han arruinado por nada: ¡el macartismo en su peor momento! Sin embargo, Mueller y su banda de demócratas se niegan a mirar los crímenes reales del otro lado. ¡Los medios son aun peores!", añadió el presidente, que acaba de superar un 'impeachment' a raíz de sus presiones a Ucrania.

El macartismo causó tanto daño que hoy en día, cuando se cumplen 70 años del comienzo de aquellos oscuros tiempos de intolerancia, discriminación y persecuciones, quienes buscan obtener la residencia o la ciudadanía estadounidense se siguen encontrando en los formularios oficiales la misma pregunta de entonces: "¿Ha sido usted alguna vez miembro (o ha estado asociado de algún modo) al Partido Comunista?".