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Boris Johnson acelera: sesiones parlamentarias en Navidad para apurar el Brexit

Boris Johnson acelera: sesiones parlamentarias en Navidad para apurar el Brexit

La victoria con una cómoda mayoría absoluta de unos 36 escaños de margen supone un enorme alivio para Boris Johnson. Amén de masajear su ego, le deja las manos libres tanto en el Parlamento como dentro del Partido Conservador, que ha sido en los últimos años una jaula de grillos que hizo la vida imposible a May

Elecciones Reino Unido: rotunda victoria de Boris Johnson

Durante tres años y medio, la Cámara de los Comunes y un grupo de eurófobos irreductibles de la familia tory fueron bloqueando con sus dimes y diretes la salida de la UE -es decir, la voluntad expresada por el pueblo libremente-, con el extrovertido speaker John Bercow convertido en un jugador europeísta más, en lugar de operar como árbitro neutral. Todo eso se ha terminado y Boris Johnson se prepara desde ya para operar en consecuencia.

El primer ministro Boris Jonson cancelará algunas fechas de las vacaciones navideñas de los Comunes y los Lores para acelerar la Ley del Brexit y activar la salida de la UE el próximo 31 de enero, haciendo valer así su repetidísimo eslogan de campaña: «Get Brexit done». La Cámara de los Comunes se abriría el sábado 21 y la de los Lores, entre Navidad y Fin de año, para intentar pasar referida norma.

«Los diputados estamos aquí para trabajar. Perderemos dos días de compras navideñas para legislar, y eso no es más que no que espera el público de nosotros», ha explicado de madrugada el ministro Michael Gove, uno de los más influyentes y valiosos del Gobierno.

Boris Johnson expondría ya las líneas de su mandato en el Queen’s Speech el próximo jueves. A finales de la semana que viene la Ley del Brexit podría pasar su primera lectura. La aspiración de Johnson es tener todo el acuerdo y plan de salida cerrado ya a finales del diciembre de 2020, una fecha que los funcionarios británicos ven muy apurada y también algunos diplomáticos de la UE.

Boris Johnson tendrá que iniciar además su agenda doméstica. Aunque sin llegar a la tómbola del gasto de los laboristas, en campaña ha prometido aflojar la austeridad que impusieron Cameron y Osborne para salir de la crisis financiera y poner en marcha un conservadurismo «compasivo». Por ejemplo, los conservadores han prometido atención gratuita para los niños de dos años, reformar y ampliar la asistencia social y reforzar el NHS, la sanidad pública, con un 3,4% más de inversión. Johnson ha anunciado reiteradamente que contratará a 50.000 enfermeras más y que construirá 40 nuevos hospitales. Los primeros presupuestos de la mayoría absoluta llegarían a finales de febrero, lo que se puede contemplar con sana envidia desde España, donde el país sigue trabado en los de Montoro, con un Gobierno socialista que no ha sido capaz todavía de aprobar sus propias cuentas, herramienta elemental de todo Ejecutivo. En economía, los tories han prometido también que elevarán el listón a partir del cual se empieza a pagar impuestos a 9.500 libras anuales.

Dentro de su propia cocina, Boris Johnson podrá centrar su discurso. Al haber planteado una campaña de aire presidencialista, donde ha llevado todo el peso de su partido, show escénico incluido, ahora puede cobrarse los méritos en primera persona y se ve muy reforzado. Podrá sentirse liberado de las presiones del grupo más contumaz de eurófobos tories, el European Research Group del carpetovetónico brexitero Jacob Rees-Mogg (al que significamente se ha mantenido fuera de todo foco en la campaña). El instinto natural de Johnson es más centrista y conciliador del que ha mostrado en campaña y podría llegar incluso a retocar el acuerdo para hacerlo más favorable a lo que conviene comercialmente al Reino Unido, que es mantener los lazos económicos con Europa en la medida que se pueda, es decir, sin deshonrar el Brexit.