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Susana Díaz, acorralada

Susana Díaz, acorralada

La sentencia de los ERE, con una condena rotunda a más de dos décadas de gobiernos del PSOE, con cárcel incluida para quien fuera su predecesor y mentor, la colocó en una coyuntura difícil. La segunda imputación de Manuel Chaves, ya condenado por los ERE, por la ayuda a una empresa cárnica jiennense que vino luego la arrinconó. Y el auto de procesamiento por el fraude de UGT que salpica directamente al partido y, por si fuera poco, a su marido, la han dejado prácticamente contra las cuerdas.

Susana Díaz, la secretaria general del PSOE andaluz que heredó un poder casi omnímodo tanto dentro como fuera de esa formación se encuentra hoy en una posición de debilidad como nunca antes había conocido. Sin poder institucional, orgánicamente en una posición de debilidad frente a sus adversarios internos y acosada por los escándalos de corrupción que parecían ya amortizados pero que han resucitado con extraordinaria fuerza, podría decirse que Susana Díaz está acorralada.

Los resultados de las elecciones que Díaz adelantó voluntariamente y que llevaron al PP ya Ciudadanos a gobernar en el feudo tradicional del socialismo marcaron el principio de un descenso a los infiernos que parece no tener fin para la ex presidenta de la Junta de Andalucía, que de un tiempo a esta parte se dedica a recorrer la geogría andaluza buscando el calor de la calle que no encuentra en los escenarios políticos en los que tan bien se desenvolvía hasta no hace tanto.

Después de la demoledora sentencia del juicio de los ERE, Díaz rompió su silencio en un programa de televisión y pidió, más o menos, perdón. Pero tras el varapalo de la imputación de Chaves por el préstamo ilegal a Cárnicas Molina y, más aún, de la confirmación del fraude millonario de la UGT con los fondos que recibía de la Junta -y sus conexiones con el PSOE-, la líder del PSOE andaluz permanece resguardada en un segundo plano mientras sus portavoces parlamentarios, José Fiscal y Rodrigo Sánchez Haro, han sido los encargados de abrir el paraguas y hacer frente a la tormenta política.

Porque desde el primero hasta el último, todos los demás partidos se han apresurado a poner en el punto de mira al PSOE y a Susana Díaz. Desde Adelante Andalucía -con intento de reprobación global incluido- a Vox, pasando por Ciudadanos y, claro está, por el PP, disparan hacia la línea de flotación del Partido Socialista y, muy especialmente, hacia su líder.

El portavoz del PP en el Parlamento, José Antonio Nieto, fue muy gráfico ayer al calificar al PSOE como un partido en «modo zombie», en «estado catatónico», para pedir, a continuación, que Díaz y su gente dé un paso atrás y la dirección se renueve.

Sobre todo el PP ha redoblado su presión sobre Díaz, al mismo tiempo que reconocen en privado sus dirigentes que lo mejor que les puede pasar es que la ex presidenta siga al frente del PSOE-A cuanto más tiempo, mejor.

Pero el serial de la corrupción socialista no ha terminado aún y en los juzgados quedan muchas causas en trámite que anticipan más golpes para el PSOE de Díaz, a la que, a pesar de todo, la suerte no termina de abandonar. Al menos, mientras Pedro Sánchez siga entretenido intentando formar gobierno y no se acuerde de sus planes para apear de una vez por todas a su enemiga más íntima.