España

Puigdemont se acerca a la CUP para hacerle la pinza a ERC

Puigdemont se acerca a la CUP para hacerle la pinza a ERC

La CUP podría votar a Marta Madrenas para suceder a Torra cuando sea inhabilitado

Bajándose de repente de su implacable tren del sistemático bloqueo institucional, la CUP ha decidido votarle los presupuestos a Convergència en Gerona por un ínfimo incremento de medio millón de euros en vivienda. «¿Qué harán, tres pisos para pobres, con esto?», bromea un concejal de la capital del Ter. «Evidentemente, no».

«Esto es un intento de Puigdemont» –explican las mismas fuentes– «de aprobar los presupuestos de la Generalitat a través de Marta Madrenas, alcaldesa de Gerona y diputada en el Parlament, y sus amigos también gerundenses de la CUP: Lluc Salellas es allí el jefe de los antisistema Gerona». La idea es proponer a Madrenas para que sea investida presidenta cuando sea firme la inhabilitación de Torra. Al ser diputada, estaría en condiciones de optar al cargo. Esquerra no podría negarse a votarla en virtud del pacto de legislatura, que fija que el presidente ha de ser convergente al superar Puigdemont a Junqueras por dos escaños en las autonómicas de 2017, y los convergentes agotarían de este modo el año de mandato que les queda: la CUP tampoco tendría fácil votar en contra de una candidata tan radical como Madrenas y más tras haberle aprobado los presupuestos en Gerona.

Cuenta la alcaldesa con el favor –y hasta el fervor– del independentismo más excitado, pero los vecinos más tranquilos de la ciudad denuncian que no ha hecho absolutamente nada. Precisamente por ello, podría ser la candidata ideal para el sector más duro del separatismo, mucho más interesado en la agitación y la propaganda que en la obra de gobierno que les distrae de su alboroto y sus proclamas, y para la que de todos modos no cuentan con ninguna aritmética parlamentaria para llevarla a cabo.

El ambiente de complicidad entre Puigdemont y la CUP se hizo evidente el lunes en Estrasburgo, donde el fugado brindó con entusiasmo con «el curandero», que es como los antisistema llaman a su líder, Carles Riera, por ejercer de terapeuta sin titulación. También se le conoce, por su aspecto oscurantista, y hasta siniestro, por «el viudo negro», siempre desde Endavant, la corriente más izquierdista que independentista de su propio partido.

De hecho, detrás de este movimiento estratégico, insólito en la CUP, está la otra corriente interna, Poble Lliure (más independentista), a la que pertenecen Salellas júnior y Madrenas, que aspiran a desplazar a los miembros de Endavant y apoderarse de los órganos decisorios de la CUP. Los dirigentes de Poble Lliure están muy quemados por haber tenido que aceptar que Mireia Vehí fuera la candidata y ahora diputada de la CUP en el Congreso.

No es nueva la división entre las dos corrientes de la CUP. Anna Gabriel, perteneciente a Endavant, impuso sus tesis y vetó a Artur Mas en contra del criterio de Poble Lliure, que era partidario de investirlo.

Como ya sucedió en 2014, con Artur Mas y David Mas fundiéndose en un histórico abrazo tras la celebración de la consulta independentista del 9-N, la CUP y Convergència vuelven a la pinza contra Esquerra para contrarrestar unas encuestas que hoy, como entonces, favorecen todas ellas a los republicanos.

De un lado, Puigdemont está también negociando con Moncloa que la solución del «nuevo encaje» de Cataluña pase porque pueda regresar a España sin pasar por la cárcel. Del otro, se siente incómodo en la «mesa de diálogo» porque sabe que, electoralmente, sólo moviliza a los suyos en la bronca frentista, y no se puede entender la política catalana sin entender que el único objetivo de los partidos independentistas es la Presidencia de la Generalitat y la supuesta guerra contra el Estado no es más que una tan burda como peligrosa excusa.