España

Podemos se evapora: desaparece en Galicia y pierde fuerza en el País Vasco

Podemos se evapora: desaparece en Galicia y pierde fuerza en el País Vasco

Pablo Iglesias no consigue rentabilizar la entrada en el Gobierno y la marca se diluye

Las elecciones gallegas y vascas han supuesto un doloroso golpe de realidad para la dirección nacional de Podemos, más allá del disgusto de sus candidatos en el terreno. El retroceso del proyecto es evidente. La marca se diluye y pierde fuerza en ambos territorios, a pesar de que hace solo seis meses de que Pablo Iglesias se convirtió en vicepresidente segundo de un Gobierno de coalición con el PSOE. Las urnas alertan de un fuerte desgaste, y el resultado se presenta como una señal de advertencia en un morado descolorido.

En Galicia han desaparecido. Pasan de ser segunda fuerza con 14 escaños (19,07 por ciento) a no existir en cuatro años. Y eso a pesar de que cuentan con la gallega Yolanda Díaz en el Gobierno como ministra de Trabajo, una de las dirigentes de Unidas Podemos más valoradas. En el País Vasco, saltan de tercera fuerza con 11 (14,76) a cuarta con 6 diputados (8,03).

Los datos revelan que Iglesias no ha conseguido rentabilizar su vicepresidencia fuera de Madrid. Una pérdida de influencia que inevitablemente le debilitará en La Moncloa. Tampoco han sido efectivos los esfuerzos para vender como logros de Podemos las medidas sociales que el Gobierno de coalición aprobó para paliar los efectos económicos del coronavirus.

«Nuestro espacio político ha sufrido hoy una derrota sin paliativos. Nos toca hacer una profunda autocrítica y aprender de los errores», expresó ayer el vicepresidente Iglesias, en un hilo de Twitter. Las pocas posibilidades que existían de configurar Ejecutivos tripartitos, como propuso Iglesias con socialistas y nacionalistas en Galicia (con PSOE, Galicia en Común y BNG) y País Vasco (con PSE, Elkarrekin Podemos y EH Bildu), fueron desapareciendo en la propia campaña.

Por un lado, la candidata del PSE, Idoia Mendia, aboga por reeditar su acuerdo desde el exterior con el PNV. Por otro, como vaticinaban las encuestas, la fuerza del presidente de la Xunta, el barón popular Alberto Núñez Feijóo, hizo imposible un hipotético pacto. Los últimos sondeos apuntaban a un trasvase de votos hacia el BNG, PSOE, así como un vuelco a la abstención. Un pronóstico que tenía a los dirigentes morados mordiéndose las uñas.

Parece que el Bloque absorbió ayer gran parte del electorado morado. Y aunque aún es pronto para conocer el comportamiento de su electorado, si esas fugas se confirmasen serían indicador de que la entrada en el Gobierno arrastra a Podemos a una posición subalterna del PSOE. Algo que ya advirtieron desde el reducido sector crítico y razón por la que Anticapitalistas les dijo «adiós».

Los números sugieren además que la estrategia no resultó efectiva. En la recta final de la campaña, Iglesias y el resto de Podemos cargaron de ideología su discurso para intentar diferenciarse por la izquierda de los socialistas. Con propuestas como querer regularizar a todos los inmigrantes ilegales que se encontraban en España durante la alarma o criticando a la Monarquía.

El vicepresidente también recuperó su discurso más agresivo contra la Prensa después de conocerse las últimas informaciones que apuntan a una presunta implicación suya en el «caso Dina» y de que el juez le retirase la condición de afectado. Tampoco funcionó.