España

Les pedimos disculpas

Les pedimos disculpas

Puigdemont quiere que Sánchez sea presidente para negociar con él su regreso

Puigdemont y Torra quieren inmiscuirse en las negociaciones de ERC y el PSOE para reventarlas. Primero, por la misma guerra fratricida que nos ha traído hasta aquí: el fugado quiere devolverle al de la cárcel la mañana funesta y trágica en que le empujó a declarar la independencia en lugar de dejarle convocar las elecciones autonómicas que tenía pensadas; y quiere devolvérsela donde más le duele, que es dinamitando el acuerdo con los socialistas del que Junqueras esperaba valerse para administrar su horizonte penitenciario, centrarse en la moderación superando la política de bloques y consolidar una mayoría de izquierdas para encerrar definitivamente en el retrete al mundo convergente.

El segundo motivo por el que el huido y su valido, si acaban entrando en las negociaciones, van a destruirlas, es porque Moncloa le está buscando a Puigdemont una salida personal en forma de regreso a España sin tener que pasar por la cárcel, y el expresident sabe que si no retiene el poder ganando las elecciones, el Gobierno perderá cualquier incentivo para ayudarle, y habiendo participado en unas negociaciones con «España» difícilmente podrá acusar a Esquerra de traidora, que es lo que necesita para derrotar a Junqueras.

La esquizofrenia es total en la política catalana. También la derrota lo es –aunque todavía cueste de ver–. Puigdemont quiere que Sánchez sea presidente para negociar con él su regreso, pero quiere que lo sea con el apoyo de Esquerra para poder insultar a Junqueras y ganarle. ERC también quiere que Sánchez sea presidente, y ayudarle a serlo para mostrar su perfil más razonable y moderado, pero necesita ganar las elecciones en Cataluña y cree que si pacta con el PSOE, Puigdemont les crucificará por traidores y vendidos; pero también sabe que sería inútil optar por su perfil más extremista y extravagante, porque a loco, Puigdemont siempre gana. De todos modos no pueden los republicanos pasarse de groseros con los socialistas, porque en el improbable caso de que algún día ganen las elecciones al Parlament, necesitarán a Miquel Iceta para alcanzar la presidencia de la Generalitat.

En el todavía más improbable caso de que todavía alguien continúe leyendo esta columna, quiero pedirle mis más sinceras disculpas: en nombre de la delegación catalana de ABC y del mío propio. De tanto tratar de explicar la majadería, entiendo perfectamente que los lectores hayan acabado interiorizando que los locos seamos nosotros.

Tengo sin embargo una buena noticia: y es que en todas sus posiciones, en todos sus propósitos y en todas sus estrategias el independentismo ha sido derrotado. Es cierto que enredan y que molestan, pero son sólo los últimos espasmos de su agonía. La mediocridad, el catetismo cantonal y su aldeana arrogancia, aldeana e infundada, les ha derrotado. El presidente Rajoy acertó poniéndoles ante su espejo y no usando ni un gramo más de la fuerza estrictamente necesaria. El juez Marchena les retrató interpretándoles en clave de farsa.

El ridículo que están haciendo es una obra de arte de la impotencia, del complejo de inferioridad y de la avara ignorancia que ningún ejército habría logrado.