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Las farmacias venden desinfectante de heridas tras agotarse el gel higienizante por el coronavirus

Las farmacias venden desinfectante de heridas tras agotarse el gel higienizante por el coronavirus

Las boticas catalanas buscan recursos alternativos para «aplacar la angustia» de los clientes tras agotarse las mascarillas y el gel

Tres farmacias en menos de cuatro manzanas y en todas la misma respuesta. «Esto es una locura. No sabemos cuándo van a volver a suministrarnos mascarillas pero hay psicosis generalizada entre los ciudadanos», indica a este diario la empleada de una farmacia ubicada en la calle Muntaner de Barcelona. Ni rastro del preciado producto tampoco en otra botica situada apenas dos travesías más abajo, en la misma calle. «Ni mascarillas, ni gel. La gente ha enloquecido. La culpa es de los periodistas», añade la propietaria de la citada farmacia. Explica que la punta en la demanda de los dos protectores se desbordó coincidiendo con el empeoramiento de la situación en Italia.

«La avalancha empezó el lunes»

«La avalancha de peticiones ya empezó el lunes . Todavía no sabíamos nada del primer caso en Cataluña», precisa a este diario. La situación de desabastecimiento podría prolongarse, según han indicado portavoces del sector farmacéutico, por «el colapso de la demanda».

«La gente cree que la mascarilla le resuelve el problema y no es así», dice la empleada de otra farmacia ubicada en la calle Casanova de la capital catalana. «¿Tampoco tienen gel higienizante?», le pregunta este periódico, aunque intuye la respuesta negativa. «No. no tenemos pero estamos dispensando esto: es más potente y protege más porque es más desinfectante. Además reseca menos que el gel», responde la empleada mientras muestra un bote de clorhexidina digluconato 2%, un conocido desinfectante para heridas, muy conocido por los padres con hijos que suelen llevar las rodillas señaladas.

«Ahh. ¡Es la Cristalmina!», señala una clienta mientras la farmacéutica me vende las bondades del producto. «Sí», responde la empleada y le señala con el dedo una caja desprecintada con botes y botes del producto. «Hemos pensado en eso como alternativa. Estamos vendiendo bastantes». La mujer se queda uno. «Reconozco que la alarma es infundada pero voy a acompañar a mi madre a un chequeo en el Clínic y prefiero....», apunta mientras abre el bolso con parsimonia y deposita el desinfectante entre los kleenex.