España

La opción del indulto descoloca al independentismo más duro

La opción del indulto descoloca al independentismo más duro

Parte del secesionismo solo contempla la amnistía, pero no hay una posición unánime

La iniciativa del Gobierno de comenzar a tramitar las peticiones de indulto para los líderes del «procés» condenados por el Tribunal Supremo ha cogido al campo independentista descolocado. La iniciativa, que amplía y complementa la decisión de revisar el delito de sedición en el Código Penal también anunciada por el ejecutivo de Pedro Sánchez, fue acogida con un elocuente silencio por parte del grueso de los líderes independentistas, empezando por el promotor de Junts y expresidente Carles Puigdemont. Siempre prolífico en las redes sociales, el fugado en las últimas horas hizo comentarios sobre el cierre de una fábrica en Barcelona o se enzarzó con el eurodiputado Jordi Cañas (Cs), pero nada dijo sobre el indulto. La estrategia de bloqueo y confrontación que preconizan Puigdemont -al que la posibilidad de un indulto no afectaría-, el propio Quim Torra y los sectores más radicalizados choca con lo que entre los más pragmáticos del secesionismo se lee como una evidente vía de distensión, subrayan fuentes políticas.

La posibilidad de que en un plazo breve los presos puedan estar en la calle quiebra ciertas estrategias y obliga por ello, al menos de manera pública, a matizar, aunque se siga insistiendo en un discurso que rechaza lo que se señala como medidas de gracia para preconizar la amnistía. Así se pronunció, por ejemplo, el líder de ERC, Oriol Junqueras, que dijo que en su horizonte solo contempla esta última posibilidad, la amnistía, dado que considera que él y el resto de condenados son inocentes. En una entrevista en La Sexta desde Lledoners, Junqueras aseguró: «Nuestra respuesta sigue siendo la misma, nosotros somos inocentes y nuestra opción es la amnistía». Una respuesta mucho más matizada de la que daba hace un año, cuando también se especuló con la posibilidad del indulto y respondió que el mismo «se lo pueden meter por donde les quepa (...) Es un orgullo estar aquí por poner las urnas».

La posición de Junqueras se suma a la de quien es ahora, junto a Puigdemont, el verdadero motor de Junts, un Jordi Sànchez que también desde Lledoners y cada vez con mayor peso político ha rechazado la posibilidad de aceptar el «perdón» del Gobierno. Esta posición no es unánime, y la postura política de desdeñar el indulto e insistir en la amnistía se hace a veces incompatible con la situación personal de cada uno de los condenados. Es el caso de la exconsejera Bassa (ERC), que ya ha mostrado su disposición a aceptarlo, o de la expresidenta del Parlament Forcadell.

Silencio

Los exconsejeros encarcelados Romeva y Turull mantuvieron silencio y eludieron también pronunciarse. Sí lo hizo, aunque de manera indirecta, Josep Rull, que está «muy enfadado porque esta situación es muy desagradable», según reveló el consejero catalán Jordi Puigneró. «Los presos pasan por una situación mucho peor de la que tenían hace unos meses y lo único que piden es que no se juegue» con ellos, aseguró Puigneró. El consejero añadió que anunciar indultos para de aquí unos meses es «jugar con los presos», y señaló que el anuncio es «un anzuelo para que alguien vote los presupuestos»: «Los indultos se hacen, no se anuncian».

La postura oficial es la de desdeñar el perdón, como ya hicieron las entidades soberanistas (ANC y Òmnium Cultural), que ven en ello únicamente una salida personal. Fuentes políticas apuntan no obstante que nadie imagina a los líderes del 1-O rechazando la salida si las puertas de Lledoners se abren.

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