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La ola de calor baja al metro: «Llegamos a todas partes sudando»

La ola de calor baja al metro: «Llegamos a todas partes sudando»

Maquinistas y viajeros denuncian las altas temperaturas y los tiempos de espera

Carpetas, libros, papeles y hasta las propias manos sirven para abanicarse en los vagones de Metro de Madrid. Algunos viajeros, los más precavidos que saben a lo que se van a enfrentar, ya llevan su abanico preparado. Otros, van con botella en mano para no deshidratarse: «Llegamos a todas partes sudando». Resoplan cuando se abren las puertas y apenas baja gente, pero suben sin parar. «La línea 6 es horrible; está llena y no importa la estación del año, el aire acondicionado brilla por su ausencia», dice una pasajera.

Junto a la 6, las líneas 1 y 10 también son objeto de protestas por «carecer de las correctas condiciones climáticas», según denuncia el Sindicato de Maquinistas de Metro de Madrid. Entre el 11 y 12 de julio, detallan, se recibieron un total de 64 avisos por averías del acondicionado. La queja del colectivo es rotunda: «Los usuarios se merecen un metro de calidad».

Desde Metro, no obstante, aseguran que «si hay una avería se repara el mismo día». Fuentes de la compañía aclaran que «todos los trenes tienen aire acondicionado», pero es cierto que en muchos vagones e incluso en los andenes apenas se nota. Solo las corrientes de aire que se forman al entrar o salir un tren de la estación hacen un poco más soportable la espera del siguiente convoy. «En verano es inevitable que las altas temperaturas se perciban también en el metro», asegura un portavoz del suburbano.

El hecho de que el calor se note más en unos vagones que en otros, dicen en Metro, depende de varios factores: las veces que se abren o se cierran las puertas, el número de viajeros o el trazado de las líneas. «La 6 es más profunda, por eso hace más calor», explican. Aún así, los viajeron no entienden por qué no se sube el aire en las estaciones más concurridas: «¿No se dan cuenta de que cuanta más gente hay, más calor hace y habría que poner el aire más fuerte? Les da igual».

Una pasajera del metro abanicándose por el calor - GUILLERMO NAVARRO

Además, sostienen desde el sindicato, la falta de maquinistas y trenes obliga a los usuarios a «sufrir situaciones de agobio, estrés, saturación y hacinamiento en el interior de los vagones que, en ocasiones, se convierten en lipotimias o desmayos». Ana, madre de dos niños de 5 y 7 años, tiene «miedo» de ir con ellos cuando hay demasiada gente: «Se agobian si vamos muy apretados; en verano siempre llevo encima una botella de agua y caramelos con azúcar por si acaso».

A los niños se suma otro colectivo muy vulnerable: los ancianos, más propensos a sufrir golpes de calor. Carmen, de 72 años, coge el metro todas las mañanas para ir a casa de su hermana mayor. Normalmente, le ceden el asiento, pero se ha llegado a marear por el calor que hace. Un hombre trajeado coincide con ella: «Es insoportable, pero me niego a coger el coche y comerme todos los atascos».

Mayor tiempo de espera

Las frecuencias también irritan a los viajeros. «Que los niños no tengan colegio no significa que estemos todos de vacaciones; y aunque fuera agosto y hubiese menos gente, tampoco entiendo que los que estemos tengamos que tardar el doble de lo normal en llegar a cualquier parte», se queja otra usuaria del suburbano.

Metro explica que «la oferta y la demanda cambia en verano», lo que se traduce en menos viajeros y menos maquinistas. Aún así, declaran que ya se han realizado varias contrataciones: «Primero fueron 360 maquinistas y ahora otros 100». Pero el sindicato tilda estas contrataciones de ser un «pequeño parche de cara a la opinión pública». Piden más soluciones para un problema que «se repite año tras año».