España

La mona se desmorona

La mona se desmorona

La propuesta de celebrar la Segunda Pascua con la mona no cuaja del todo

Tradiciones que ahora nos pueden parecer tan inamovibles como la Navidad, el día de Todos los Santos o la Pascua, han ido cambiando en el calendario, ya sea por razones religiosas, políticas o comerciales. Por las fechas en que ahora celebramos la Segunda Pascua, antes de que se extendieran los ritos católicos, se llevaba a cabo una festividad agraria y pagana que celebraba las cosechas de final de la primavera. En Cataluña, la fecha en la que se celebra, varía según la elección municipal.

Con esto en mente, que las fechas, fechas son, así como con la incertidumbre que suponía para clientes y empresarios de la pastelería celebrar la pascua el pasado abril, en la mitad de una pandemia, arriesgando al contagio a trabajadores, repartidores, ahijados y padrinos, varios pasteleros propusieron cambiar la celebración de la mona de pascua, con seis siglos de tradición, para las Segundas Pascuas. Sin embargo, la propuesta no cuajó del todo, pues más de uno ya tenía lista su producción de figuras de chocolate. Y así como algunos pasteleros artesanos estaban a punto para la festividad, lo estaban, sobre todo, los industriales, que no necesariamente forman parte del gremio. “En esta casa se han hecho monas incluso durante la guerra civil”, anunciaba Christian Escribà en sus redes las que su casa preparaba, con cuarentena de por medio, para enviar a las casas de los ahijados. ¿Son las monas un bien de primera necesidad?, se preguntó más de uno.

Los pasteleros dirían que sí: la mona de pascua es una de las campañas más importantes del año de las pastelerías, supone de un 25 a un 30% de su facturación anual. Muchos no quisieron dejar pasar el tren, con temor a que los clientes recurrieran a cualquier chocolate comercial o incluso, como hicieron algunos, a hacerla en casa. A pesar del desacuerdo, el Gremi de Pastisseria de Barcelona lanzó la campaña #capnensensemona, para que ninguno se quedara sin ella, en donde anunció las tiendas que harían monas, aunque el envío estuviera a cargo de los padrinos. Explicó también entonces que habría algunas pastelerías que proponían celebrar la Segunda Pascua “en familia” y con una mona, con la esperanza de que cuando llegara el día de hoy las reuniones serían una realidad. “La mona de Pascua se duplica”, era el título de su comunicado.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de pastelerías tan reconocidas en la ciudad como la Pastisseria, de Josep Maria Rodriguez, la tradición de las monas de pascua no ha logrado cambiar de fecha del todo. Incluso Jordi Roca, que anunciaba en abril que cuando abrieran sus locales venderían las suyas, desistió de incluirlas en la oferta en línea que desde hace unos días tienen Casa Cacao y Rocambolesc. Se puede conseguir, eso sí, su mona solidaria, a favor de los chimpancés, en la web www.fundaciomonashop.org. Al parecer, 600 años tienen un peso importante en el imaginario de la gente, que hizo esfuerzos considerables para conseguir que sus ahijados recibieran la mona “cuando tocaba”, aunque no pudieran comerla juntos.

Como si no fuera suficiente la duplicidad “monil”, el gremio barcelonés se unió esta semana a los de Tarragona, Lleida y Girona, para promover la celebración en familia de las segundas pascuas, ya no con una mona, sino con un pastel de nombre Sara, “que nació el siglo pasado como homenaje del Gremio a la actriz francesa Sara Bernhardt, un icono de la cultura de finales del siglo XIX y principios del XX”. Se trata de un bizcocho recubierto con mantequilla y almendras, que en muchos casos es también la base de la mona, explicaron el pasado miércoles. Ya sea con mona, con Sara o con una caja roja, hoy, muchas familias podrán reunirse finalmente. El tiempo dirá si dentro de 600 años se habla de la Sara, esa tradición inamovible que nació una cuarentena.