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La ludopatía «delató» al asesino del bingo: «¿No pensaréis que he sido yo?»

La ludopatía «delató» al asesino del bingo: «¿No pensaréis que he sido yo?»

Detenido un anciano de 82 años que, tras matar a su amiga para robarle joyas y dinero, se jugó el botín en el mismo salón de juegos donde la había conocido

Mercedes Villen Cortés, de 84 años, nunca hubiera abierto la puerta de su casa a no ser que la persona que llamase fuera alguien conocida. Bajo esta premisa, sus «dos familias», los trabajadores de la Asociación Cultural de Mayores de Fuenlabrada (Acumafu) y los del bingo Fuencasino, tuvieron claro desde el principio que todos en el entorno de esta mujer, asesinada en mayo del año pasado a golpes y cuchilladas en su domicilio de la calle de los Ángeles, 6, en Fuenlabrada, podían ser sospechosos. El círculo se empezó a estrechar en el momento que la Policía les informó de que la cerradura no había sido forzada, por lo que la colaboración ciudadana resultó determinante para el esclarecimiento del caso, cerrado la semana pasada, con la detención de Rafael Sanz, de 82 años y compañero de cartones en la sala de juegos de la localidad que ambos frecuentaban.

A la semana de que los vecinos de Mercedes diesen la voz de alerta, debido a que la octogenaria llevada días sin contestar a las llamada de su asistenta social, y de que la Policía encontrase su cadáver con signos claros de violencia, el presidente de Acumafu, Marcelo Cornellá, recibió una llamada. ¿El motivo? La muerte de la socia número 176 de la asociación que él dirige. «Una de las vendedoras de cartones del bingo contactó conmigo para decirme que había visto a Rafa sacar un fajo de billetes y jugar series enteras», relata en conversación telefónica con ABC. De inmediato, las alarmas saltaron. «Este hombre, al que conocía de alguna vez que Mercedes me lo presentó, era de su grupo de amigos del bingo», prosigue. Pero no solo eso, Rafael era «ludópata» y andaba siempre «canino»: «Jugaba cartón a cartón, porque no tenía más dinero».

Antes de contactar con los agentes, Marcelo acudió una noche al salón de juegos para cerciorarse de que Rafael era la misma persona que pensaba. El encuentro resultó crucial. «Él estaba con su pareja, que se me acercó y me dijo “¿qué haces aquí? A ver si vais a pensar que hemos sido nosotros”». Cuestionado por la posible implicación de la mujer, el presidente de Acumafu desconoce si esta pudo haber sido engañada por el homicida o, de lo contrario, era conocedora del motivo por el que Rafael, el único arrestado, gastaba ahora el dinero a manos llenas.

Al terminó del encuentro, Marcelo marcó el número de la Policía. Ello, unido al hecho de que los agentes del Grupo VI de Homicidios y de la Sección de Delitos Violentos (DEVI) de la Científica habían analizado distintos efectos y vestigios biológicos, comprobándose, además, que en la vivienda de Mercedes faltaban entre 6.000 y 7.000 euros, así como una gran cantidad de joyas, hizo girar las pesquisas en una sola dirección. Un año después de cometerse el crimen, los investigadores accedieron al domicilio de Rafael –que torturó a su víctima hasta que le reveló donde estaban los objetos de valor– y encontraron dos joyeros que podrían haber pertenecido a la finada. Después de pasar por el calabozo, el anciano fue puesto a disposición del juez, que decretó su ingreso en prisión.

Mercedes vivía sola en Fuenlabrada tras pasar parte de su vida en Burdeos (Francia), donde trabajó como temporera. A su vuelta ya había enviudado, y sus dos hijos, Domingo y Mercedes, habían establecido sus residencias en el país galo. La relación con la familia que le quedaba en Madrid era algo distante, por lo que, «fruto de su soledad», comenzó a frecuentar nuevos ámbitos.