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La familia que desde 1947 apunta a diario cuánto llueve

La familia que desde 1947 apunta a diario cuánto llueve

Teresa Plaza, de Alcolea de Calatrava, sigue con la labor que hicieron sus tías durante toda su vida. Ahora la Aemet las ha premiado por tener el pluviómetro más antiguo de Castilla-La Mancha

María Teresa Plaza Herrero tiene grabado un recuerdo de la infancia, el de ir a casa de sus tías Gloria y María Teresa Plaza Selas y ver cómo los vecinos se acercaban para preguntar siempre lo mismo:

—«¿Cuánto ha llovido?»

Esta familia de Alcolea de Calatrava acaba de ser premiada por la Aemet (Agencia Estatal de Metereología) por tener el pluviómetro más antiguo de Castilla-La Mancha y prestar un servicio impagable desde 1947.

«Nuestra tarea es muy sencilla. Se trata de anotar en los cuadernillos que nos proporciona la Aemet las precipitaciones en forma de lluvia, de granizo, de niebla. También la dirección del viento y si ha habido fenómenos como tormentas, vendavales, huracanes...», explica Teresa Plaza. Los datos se anotan cada día y se mandan cada mes a la Aemet y a la Confederación Hidrográfica del Guadiana.

«Hoy en día registrar las precipitaciones ha perdido importancia. Sin embargo, antiguamente no había modo de medirlas y la lluvia era importantísima porque la gente vivía del campo. Mis tías, como buenas maestras, lo tenían todo súper organizado, con mapas antiguos del terreno, almanaques, anecdotarios...», añade Teresa, que hace este trabajo desde 2011, cuando tomó el relevo de sus tías.

«Alcolea de Calatrava es una zona relativamente seca. En los primeros años de la serie había muchos vientos y muchas borrascas. En estos más de 70 años la media de precipitaciones se sitúa en 450 litros, pero hay algunos muy secos y otros de lluvia más torrencial», afirma Paloma Castro, la delegada territorial de Aemet en Castilla-La Mancha. Lo corrobora Teresa: «Aquí llueve muy poco. Las precipitaciones vienen del oeste, del Atlántico, y cuando nos entran desde el Levante son en forma de tormenta, de polvo...».

En 1911 José Galbis, jefe del Observatorio Central Meterológico, aprobó crear una red de colaboradores que completara el trabajo de los profesionales del clima. La hemeroteca cuenta que casi 800 personas se ofrecieron voluntarias, de las que más de la mitad eran maestros. Precisamente esa era la ocupación de Gloria y María Teresa, y sigue siendo la de su sobrina.

Uno de los cuadernillos que en 1948 rellenaba Gloria Plaza - ABC

Ahora mismo unas 3.000 personas colaboran con la Aemet en España, de las cuales 270 se ubican en Castilla-La Mancha. No solo miden las precipitaciones, como la familia Plaza. Las hay que se encargan de registrar la temperatura e incluso están los observadores fenológicos, cuyo cometido es rastrear el comportamiento de las plantas y de las aves en momentos clave como su crecimiento, la salida de las hojas y el fruto, o cuándo llegan y cuándo se van.

«Es una labor altruista, muy bonita y muy sacrificada porque a las ocho de la mañana tienen que tomar los datos y luego nos los remiten a las delegaciones territoriales», dice Castro. El perfil de los colaboradores es el de «gente que lo tiene muy fácil porque la estación está en su casa y hay una garantía de que va a recoger los datos a diario». En cualquier caso «se requiere vocación».

«En la Aemet cubrimos la Península con un sistema de 15 radares, pero no son perfectos y hay algunas zonas que quedan mucho más reforzadas con las observaciones de nuestros colaboradores voluntarios», añade. Eso sí, la tecnología va avanzando. En Castilla-La Mancha ya hay unas 65 estaciones que son automáticas y los datos se obtienen al minuto. Sin embargo, «no todo el mundo tiene dinero para poner una instalación de cierta categoría», reconoce.

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