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La defensa del Chicle pide anular la sentencia y repetir el juicio

La defensa del Chicle pide anular la sentencia y repetir el juicio

Cuestiona la «motivación defectuosa» del veredicto y la sentencia que condenaron a Abuín a la prisión permanente revisable

Acusa a forenses, investigadores y jurados de actuar «contaminados» por los medios

Toda la furia que la abogada Maria Fernanda Álvarez, defensora de oficio de José Enrique Abuín, desplegó durante el juicio por el crimen de Diana Quer, se vierte y condensa en el recurso de apelación presentado ante la Audiencia Provincial tras la condena a prisión permanente revisable de su cliente. Toda la virulencia con la que la letrada de la defensa protagonizó los momentos más intensos de la vista oral vuelven a aparecer en los 125 folios de su escrito, en los que solicita la nulidad de la sentencia, la repetición del juicio y que este se lleve a cabo con un tribunal profesional y no un jurado popular.

Para la defensa de Abuín, tanto la sentencia condenatoria conocida el pasado 17 de diciembre como el veredicto previo del jurado adolecen de una «motivación defectuosa», y no son sino el corolario de un procedimiento viciado en el que, a su parecer, hubo «falta de independencia judicial» y «de objetividad, imparcialidad, veracidad y rigor» en forenses y policías, además de permitirse «pruebas incriminatorias» ilícitas.

«Lo que ha sucedido en la presente causa es un ejemplo de lo que no se debe permitir en un Estado de Derecho», sostiene la abogada, «fue un proceso huérfano de garantías, en el que ha valido todo con el único fin de revalidar la condena social que recayó a saco (sic.) sobre el acusado a partir del momento en que confiesa dónde está el cadáver y se encuentra desnudo» en el pozo de la nave de Asados. «Se ha retrocedido a la justicia medieval (…) en un contexto de absoluta contaminación mediática», añade.

Los ataques a los informadores, que ya protagonizó la abogada durante las sesiones del juicio, proliferan en su escrito, así como las constantes apelaciones a la «contaminación» o «infección mediática». «Es un hecho público y notorio el espectáculo mediático que se ha generado con motivo de la instrucción y posterior juicio de la causa, así como el tratamiento del acusado como culpable durante todo ese tiempo, lo que ha provocado que ese prejuicio de culpabilidad se enquistara en la conciencia popular e invadiera el proceso de una manera irracional». En su opinión, «los miembros del jurado (…) no fueron capaces de desprenderse de los prejuicios concebidos hasta la fecha y de conseguir ser independientes e imparciales en la valoración de las pruebas y en la toma de decisiones, lo que ha conducido a una sentencia que no es válida ni justa».