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Estopa, aquelarre popular y festivo en el Palau Sant Jordi

Estopa, aquelarre popular y festivo en el Palau Sant Jordi

Los hermanos Muñoz celebraron su XX aniversario con un arrollador doblete en Barcelona

Veinte años ya de rumba que tumba y retumba, de ojos achinados y risa floja sobre el escenario, y los hermanos Muñoz, David y José, siguen como si para ellos no hubiese pasado el tiempo, partiendo la pana y, ejém, rompiéndose la camisa cada vez que salen al escenario. Por aquello de seguir con los símiles supuestamente ingeniosos, si el último trabajo de Estopa se llama «Fuego» no sería demasiado descabellado acabar diciendo que, a su paso por Barcelona, los de Cornellà dejaron el Palau Sant Jordi en llamas, pero lo de los hermanos Muñoz no es ni mucho menos tan sencillo.

Sí que es cierto que inflamaron el Sant Jordi con mayor efectividad que si hubiesen aparecido sobre el escenario con un par de bidones de gasolina, pero embarcados como están en la gira de celebración de su XX aniversario, no se conformaron con eso y salieron dispuestos a demostrar que, además del ardor, mantienen aún mucho del encanto de las primeras veces.

A pleno pulmón

Su público, fiel como pocos, podría batir cualquier concurso de resistencia pulmonar y canto coral, y así lo dejó claro una vez más agarrándose a los pliegues carnosos de la inaugural «Tu calorro» y cantando cada palabra, cada verso, como si le fuese la vida en ello. El espectáculo, en este caso, no estaba solo sobre las tablas; también en la pista y en las grandas.

Daba gusto ver cómo la energía fluía de aquí para allá (y viceversa) y la fiesta, porque aquello no era un simple concierto sino una gran fiesta, empezaba a apretar el acelerador y a dejar que las revoluciones se disparasen con «Vino tinto». «Nos habéis visto crecer y reproducirnos incluso. Habéis sido nuestra auténtica familia», anunció David justo antes de arrojarse a los muy rumberos brazos de «Fuego» y corresponder a tamaño derroche de amor y pasión con un selecto picoteo de casi toda su discografía. Juerga en las gradas, cuernos en la pista y la enésima constatación de que a Estopa se les quiere y se les aplaude no sólo por lo que hacen, sino también por lo que son.

Ocurre, de hecho, algo mágico con los de Cornellà: puede que ninguno de sus discos posteriores haya llegado a igualar el impacto musical y sociológico de su debut, pero once discos y nueve Sant Jordi después, el público sigue ahí, con una pasión casi tan intacta como la que exhiben David y José sobre el escenario. Y es ahí donde empieza a dar un poco igual si «Escrito en la frente» funciona más o menos o si «Pobre Siri» es o no, como ellos mismos dijeron, un poco absurda.

Es más: se diría que, por un momento, Estopa no manejan únicamente canciones y que lo que vuelve loco al público no es tanto «La raja de tu falda», «Me falta el aliento» o «El del medio de Los Chichos», que también, como los calambrazos de emoción y pasión sin adulterar que salen del escenario. Sólo así se entiende que, veinte años después, el fenómeno no sólo no pierda fuelle, sino que se atreva con dos noches consecutivas en el Sant Jordi (ayer repitieron con las entradas también agotadas) y transforme su fiesta de cumpleaños en un gozoso aquelarre popular.

Si además se despiden encadenando versiones desnudas de «Demonios» y de «M’en vaig a peu», de Serrat, y echando al resto con «Cacho a cacho» y «Como Camarón», pues mejor que mejor.