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El derrumbe del vertedero de Zaldibar agrieta al 'lehendakari' Íñigo Urkullu

El derrumbe del vertedero de Zaldibar agrieta al 'lehendakari' Íñigo Urkullu

El lehendakari, Íñigo Urkullu, sufre sus horas más bajas desde 2012 acorralado por la oposición. La causa: la gestión de la tragedia que el pasado 6 de febrero provocó la desaparición de Alberto Sololuce y Joaquín Beltrán.

Con el Parlamento disuelto por la convocatoria de las elecciones que se celebrarán el próximo 5 de abril, Urkullu y tres de sus consejeros tendrán que explicar a partir de las 9.30 horas de este martes por qué permitió la Administración vasca la implantación y funcionamiento de un vertedero industrial que acumulaba escorias, papel, plásticos, cemento con amianto y, probablemente, residuos peligrosos en lo alto de una montaña junto a casi 50.000 vecinos de Ermua, Eibar y Zaldibia.

A la tragedia por la desaparición de dos trabajadores se le ha añadido la desconfianza social hacia Urkullu y su Gobierno tras anunciar el pasado viernes día 14 que una toma de aire del día 9 multiplicaba por 50 los índices de dioxinas en las inmediaciones de un colegio.

El lehendakari adelantó las elecciones vascas previstas para el próximo mes de septiembre para evitar verse salpicado por una probable convocatoria de comicios en Cataluña, pero se ha visto enfangado por el trágico derrumbe del vertedero gestionado por Verter Recycling en la localidad vizcaína de Zaldibar.

Doce días después, Urkullu tendrá que ir más allá de manifestar su respaldo a los familiares de Alberto Sololuce y de Joaquín Beltrán, que durante los primeros días del rescate denunciaron públicamente la ausencia del lehendakari. El presidente vasco delegó los primeros días en sus consejeros las tareas del rescate y muy pronto surgieron dudas sobre la coordinación entre la Administración regional y la empresa propietaria de un vertedero inaugurado en 2007 y que contaba con una vida útil para 35 años, aunque en escasamente 13 ya había prácticamente agotado su capacidad.

Los hechos de la tarde del día 6

Los efectivos de Emergencias y de la Ertzaintza que en la tarde del día 6 de febrero acudieron al rescate de los trabajadores enterrados en una masa informe de un millón metros cúbicos de tierra y residuos desconocían que había placas de cemento con amianto.

Durante casi ocho horas unos 60 bomberos, policías y trabajadores buscaron sin éxito a Joaquín y a Alberto sin protección. Ni la empresa ni el departamento del socialista Iñaki Arriola advirtió de este producto contaminante cuando, como en un derrumbe, se fractura y libera esporas.

Al llegar la advertencia, los trabajos se paralizaron y también se perdieron las escasas esperanzas de encontrar con vida a los dos trabajadores que, según los primeros indicios, intentaron huir al observar que el vertedero se hundía y caía colina abajo para detenerse sobre los cuatro carriles de la autopista AP-8 entre Bilbao y San Sebastián.

EH Bildu, Podemos y el PP vasco -que han forzado la comparecencia de Urkullu y sus consejeros ante la Cámara- advirtieron desde un primer momento sobre la falta de control de un vertedero que gestionaba residuos de acerías, de papeleras y de empresas de la construcción.

Según adelanto EL MUNDO, sólo en 2018 se cuantificaron 553.797 toneladas, pero este martes el lehendakari tendrá que aclarar si el incremento exponencial de carga fue la causa de su derrumbe. Desde el pasado 7 de febrero, la masa de residuos y tierra comenzó a arder en media docena de puntos generando un humo blanco continuo que alarmó a los casi 50.000 habitantes de Ermua, Zaldibia y Eibar

El ex delegado del Gobierno Jesús Loza ofreció su colaboración -incluido el Ejército-, pero se desestimó la ayuda, aunque sí se recurrió a un helicóptero cántabro para verter agua sobre los incendios provocados por plásticos y papel.

Durante ocho días se comunicó que tanto la calidad del aire como del agua era normal. Pero el viernes 14 de febrero, el departamento de Salud recomendó cerrar ventanas y no practicar deporte en la calle ya que en una muestra del día 9 se habían alcanzado los 762,16 fentogramos por metro cúbico de dioxinas.

El anuncio multiplicó la desconfianza y sacó a miles de personas a la calle y obligó a Urkullu a dejar de lado la precampaña para salir antes del lodo político generado tras la catástrofe humana y medioambiental.