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El chalé de Rosa Peral se convierte en la sala de juicio por un día

El chalé de Rosa Peral se convierte en la sala de juicio por un día

El tribunal del jurado ha visitado este lunes, junto a los acusados, los escenarios del crimen de la Guardia Urbana

Rosa Peral ha vuelto hoy a casa. Ha sido solo durante media hora, esposada y custodiada por los Mossos. De idéntica manera ha llegado su examante Albert López. Completaban la comitiva el juez, los abogados del caso y los miembros del jurado que deberán dirimir si, sobre ese mismo escenario hace casi tres años, los dos acusados acabaron con la vida de Pedro Rodríguez. Los tres eran agentes de la Guardia Urbana y formaban un triángulo amoroso que acabó con uno de ellos calcinado en el maletero de su propio coche.

«¿Qué hizo esta vez la Rosa?», preguntaba un vecino, sorprendido ante la expectación mediática congregada ante la vivienda unifamiliar de esa tranquila urbanización de Cubelles (Barcelona). Hacía más de dos años que Rosa y Albert no ponían los pies en la casa. Tras el crimen habían vuelto en dos ocasiones, para un registro y una reconstrucción; pero lo de este lunes ha sido algo muy distinto. Una atípica sesión del juicio, que este mes acoge la Audiencia de Barcelona. No hay constancia en la historia de este tribunal de más de media docena de juicios por asesinato que haya celebrado alguna de sus sesiones fuera de los muros del Palau de Justicia.

Pero el juicio contra Rosa y Albert, para quienes las acusaciones piden 25 y 24 años de cárcel respectivamente, sí ha salido hoy a la calle. El fiscal había solicitado –y el magistrado concedió– que los miembros del jurado vieran con sus propios ojos los tres escenarios clave del crimen de la Guardia Urbana. Por este orden: el chalé de Rosa, donde se cometió el asesinato; el entorno de la vivienda de Rubén, exmarido de Rosa, al que los acusados intentaron incriminar acercando allí el móvil de la víctima cuando ya lo habían matado. Y por último, un recodo de un camino del pantano de Foix, donde supuestamente quemaron el Golf GTI de Pedro con su propio cadáver en el maletero.

Afán por evitar las cámaras

«El coche estaba así aparcado», explicaba un agente de la División de Investigación Criminal de los Mossos a unos miembros del jurado a los que en aquel rincón boscoso de Foix se le agolpaban las preguntas. Varios ramos de flores, que llevaban allí al menos una semana, recordaban a Pedro. Rosa y Albert, como en el resto del juicio, hacían todo lo posible por evitar cruzarse sus miradas. Ambos departían con sus letrados mientras el tribunal del jurado inspeccionaba el lugar, aunque con actitudes distintas. Mientras ella, con la ayuda de su abogada, Olga Ardediu –que se posiciónó estratégicamente de espalda a las cámaras–, intentaba no salir retratada, Albert obviaba cualquier precaución a este respecto. Por la tarde, el pantano recuperaba su paz habitual y las persianas de la casa de Rosa volvían a bajarse. El juicio volverá desde este martes a su rutina en el Palau de Justicia.