España

Diario de un jubilado en Nueva York: El jueves de un niño

Diario de un jubilado en Nueva York: El jueves de un niño

«Uno de los jueves que relucen más que el sol me despertaba con el ruido de los cohetes y la música de los pasacalles»

El miércoles por la tarde llegaba el terror con los gigantes y cabezudos. Temía los golpes que con una vejiga de cerdo inflada descargaban a los niños que corrían a su alrededor. Y luego estaba la Tarasca. Recordaba que, después de subir a ver la campana gorda, la campanera me decía que me acercara a la fiera, desaparecía y, metiéndose en sus vacías entrañas, tiraba de un cordel, la boca de la Tarasca se abría y salía una lengua que quedaba colgando.

Al día siguiente, uno de los jueves que relucen más que sol, me despertaba con el ruido de los cohetes y la música de los pasacalles. Olor a pólvora santa. La mañana iba vestida con el olor del tomillo y los toldos reflejaban su sombra en el espeso laberinto de las calles. El sol cuadriculaba las colgaduras y sacaba el color a los mantones de Manila.

El sonido de los cañonazos anunciaba la salida de la Custodia. Y era Toledo una catedral. Un niño miraba asombrado el paso del cortejo procesional: desde los caballos que piafaban abriendo la marcha hasta los sacerdotes revestidos de preciosas capas pluviales pasando por las asociaciones, gremios, entidades, políticos y militares y el pendón de los hortelanos, adornado con frutas y vegetales, que era su preferido.

Y, de pronto, el sonido de una campanita anunciaba la llegada de la Custodia: torre de oro, alacena con pan de sustancia salvadora, hoguera del amor disparando chisporroteos de las piedras preciosas, pirámide mística, triángulo que descubrió la cuadratura del viril, árbol con un nido donde el misterio de un poco de harina es vida y esperanza. A su paso al niño se le aguaban los ojos y caía de rodillas. Años después ese niño tuvo el honor de ser pregonero y aunque ahora tiene la mirada seca y las rodillas llenas de clavos, al recordar ese momento se le ilumina la mirada y sabe que la procesión va por dentro.