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Carmen Calvo, vicepresidenta primera: la abanderada feminista heredera de los Omeyas

Carmen Calvo, vicepresidenta primera: la abanderada feminista heredera de los Omeyas

Carmen Calvo, Cabra, 1957. Doctora en Derecho Constitucional por la Universidad de Córdoba. Divorciada, una hija y dos nietas. Repite como vicepresidenta del Gobierno, ministra de la Presidencia y Relaciones con las Cortes. Pierde las competencias de Igualdad, quizá las que más aprecia para hacer sitio a Irene Montero. A cambio gana las de Memoria Democrática.

Mujer vehemente, locuaz, apasionada y tozuda. Desde muy joven abanderada de la lucha feminista y de la igualdad de género, una convicción que ha desplegado con más ahínco si cabe desde el verano de 2017 cuando Pedro Sánchez, tras triunfar la moción de censura contra Mariano Rajoy, la situó como mano derecha de su Gobierno. Fue esta la culminación de una carrera política iniciada en su tierra natal, tras pasar por puestos de menor relevancia, en 1996 cuando fue nombrada consejera de Cultura de la Junta de Andalucía presidida por Manuel Chaves. En el cargo se mantuvo hasta 2004, año en el que José Luis Rodríguez Zapatero la incluyó en el 'consejo de notables' encargado de impulsar su carrera hacia La Moncloa.

En el primer Gobierno de Zapatero ocupó el sillón de ministra de Cultura y de esa etapa abundan los chascarrillos, unos ciertos otros fabulados, sobre sus meteduras de pata, salidas de tono o simples tropiezos dialécticos.

Conocida es su eterna batalla soterrada con quien fuera alcaldesa de Córdoba y luego ministra, Rosa Aguilar. Choque de ambiciones y deseo de poder en el califato de los Omeyas del que ambas son hijas. Ni su falta de sintonía con otras andaluzas de tronío, la ex presidenta Susana Díaz o la ex ministra Magdalena Álvarez. Carmen Calvo nunca fue una ministra de Cultura bien valorada por la ciudadanía. El presidente prescindió de sus servicios en 2007 y la sustituyó por César Antonio Molina.

Su paso por Cultura dejó capítulos sonados como la polémica devolución de los papeles del Archivo de Salamanca a la Generalitat de Cataluña; el intento, abortado por Bruselas, de reducir el IVA de los productos musicales al 1% o el anteproyecto de Ley del Cine que provocó un insólito paro secundado por más del 90% de las salas de cine del país.

Tras cesar en Cultura fue, durante un año vicepresidenta del Congreso. En 2011 decidió apartarse de la primera línea política y tornar a sus clases en la Universidad después de que José Antonio Griñán optara por situar a su enemiga Rosa Aguilar, ex Izquierda Unida, como número uno de la lista por Córdoba al Congreso.

En las primarias socialistas que en 2012 enfrentaron a Carme Chacón con Alfredo Pérez Rubalcaba, Calvo apostó por la primera, pero ganó el segundo. Más tino tuvo en las primarias de 2017 en las que pujó por Pedro Sánchez frente a Susana Díaz. Con el PSOE en la oposición durante la etapa de gobierno de Rajoy, fue ella la encargada de defender las posiciones socialistas y negociar con su predecesora popular, Soraya Sáenz de Santamaría, la primera aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Tras la moción de censura de Sánchez contra Rajoy en el verano de 2017, Carmen Calvo entró en el Gobierno por la puerta grande como número dos y ahí seguirá. Desde entonces, lo más visible de su gestión ha sido sin duda su labor en defensa del feminismo, la igualdad entre hombres y mujeres y su batalla sin cuartel contra la violencia de género. Ahora estas atribuciones que le son tan queridas pasarán a manos de Irene Montero, nueva ministra de Igualdad. Pese a ello, pocos dudan de que la cordobesa renuncie a enarbolar la bandera violeta a cada ocasión que se presente. Lo lleva en la sangre como el amor por su tierra, el gusto por la tauromaquia, el placer de leer poesía y escuchar rock.