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Caos en las residencias de ancianos: «Ya no damos abasto»

Caos en las residencias de ancianos: «Ya no damos abasto»

En 30 días han muerto 4.250 mayores en residencias, cuatro veces lo habitual, con Covid-19 confirmado o con síntomas

A la par que los contagios y muertes comienzan a ralentizarse en Madrid, los fallecimientos se han disparado en las residencias de ancianos, donde el coronavirus ha hecho estragos. Solo en el mes de marzo , 4.260 mayores han perdido la vida en los centros de la Comunidad de Madrid (cuatro veces lo normal), la mayoría por el Covid-19, si bien en muchos casos no se ha podido confirmar por falta de test. Pero el caos ya era patente, mucho antes de que el vicepresidente madrileño, Ignacio Aguado, revelara ese dato. Y en las residencias, colapsadas desde el estallido de la pandemia, guardan silencio.

«Ahora nadie puede salir, ya no damos abasto», se excusa, desde una ventana, el recepcionista del centro Isabel la Católica, en la calle de los Mártires de la Ventilla, a espaldas de las Cuatro Torres. Apenas lleva diez días trabajando en esta residencia pública que gestionaba, hasta el pasado 31 de marzo, la empresa privada Aralia. Fue una de las primeras en ser intervenida por la Consejería de Políticas Sociales de la Comunidad, que asumió su dirección, al ser uno de los edificios en situación más crítica. «Estamos mejor, han reforzado la plantilla», explica este joven. No obstante, no puede decir más; tras una llamada al director, comunica que no tiene autorización para dar más información.

La respuesta, a través del telefonillo, de la residencia DomusVi de Arturo Soria, es similar. «Tiene que llamar al departamento de prensa», contesta una mujer, antes de apresurarse a colgar. Del edificio vecino, el geriátrico Los Robles, salen dos empleadas, protegidas con sendas mascarillas, a sacar la basura. «Tenemos refuerzos y material», asegura una de ellas, que trabaja como limpiadora en el centro desde hace tres años. «Nos cuidamos mucho», declara. Sin dar más detalles, ambas vuelven a entrar.

No extraña que las evasivas sean constantes, ya que las quejas de los familiares y la presencia mediática se han multiplicado en las últimas semanas. «Están muriendo como chinches», afirma, en conversación telefónica con ABC, Mari Carmen, cuya madre duerme desde hace dos años en la residencia Orpea de Alcobendas. Ante el panorama actual, le gustaría llevarse a casa a su progenitora. No lo hace porque no hay test que garantice que no está contagiada. «Es un dilema, si se pone mala aquí, ¿qué hago? Me aterra lo de los servicios funerarios, puedes estar tres días con el difunto», dice. Por ahora, su madre, Ángela, que cumplirá 89 años en agosto, goza de buena salud.

Escasez de personal

El Covid-19 arremete contra los ancianos, pero también ataca a sus cuidadores, lo que ha provocado una cascada de bajas en las residencias. «Se nota que falta personal, hace días que no traen toallas y tardaron un montón en traer sábanas», relata Ángela -en tono jovial, pese a todo-, desde su habitación en el geriátrico de Alcobendas. Aunque desde el grupo Orpea aseguran que han reforzado la plantilla con nuevas contrataciones, después de un «pico crítico hace diez días», ella cree que no es así. «Tardan más, estamos peor. Hay una persona para las cinco que estamos en mi planta, antes eran cuatro. Si falta gente, no te pueden atender», cuenta. El coronavirus se ha llevado a tres de sus «allegadas», con las que jugaba a las cartas, y calcula que habrán fallecido otros tantos más. «Tampoco me entero, porque no te lo dicen», añade, resignada.

En ese mismo centro están internados los padres de Esther. Hace unos días, envió una carta incendiaria a este diario, denunciando el «infierno» y la «desatención» que sufrían sus seres queridos en la residencia, en la que asegura se han producido una decena de muertos. El centro niega estas declaraciones, sin dar más datos. Solo reportan a la Comunidad.