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Anna Ballbona gana el premio Llibres Anagrama de novela

Anna Ballbona gana el premio Llibres Anagrama de novela

La autora, finalista en 2016, explora en«No soc aquí» la identidad y la herencia familiar

El llamado blue monday, el día más triste del año, lo ha sido un poco menos para Anna Ballbona (Montmeló, 1980), ganadora del quinto premio Llibres Anagrama con «No soc aquí», libro con la que la autora catalana ahonda en los vínculos familiares y en la extrañeza de no reconocerse en el reflejo que arrojan los fantasmas del pasado.

Una novela sobre «la educación y la herencia pero también sobre desclasamiento y derecho a la transformación», en palabras de Guillem Gisbert, uno de los miembros del jurado, con la que Ballbona cierra una suerte de círculo simbólico que abrió en 2016. «Hace cuatro años empecé un viaje en el que descubrí que realmente podía explicar historias», ha apuntado una autora que con su primera novela, «Joyce i les gallines», ya quedó finalista del mismo premio que ha conquistado finalmente este lunes.

El galardón, dotado con 6.000, no ha reconocido en esta ocasión finalista alguno, pero Anagrama sí que ha recibido una recomendación del jurado de publicar otra de las 28 obras presentadas: «Terres mortes», de la también debutante Núria Bendicho.

De vuelta a «No soc aquí», explica Ballbona que con su segunda novela ha querido pergeñar «una obra sobre la extrañeza de los propios orígenes familiares» a partir de los recuerdos de Mila, narradora de resonancias clásicas –no es casualidad que comparta nombre con la protagonista de «Solitud»– a la que un embarazo hace echar la vista atrás en busca de sus recuerdos de infancia y juventud.

Es ahí donde aparece ese barrio sin nombre a media hora de Barcelona en el que la narradora, hija de payeses reconvertidos en mano de obra de cadena de montaje, creció encajonada entre la autopista, un cementerio y un polígono. Un paisaje rural arrasado por el desarrollo urbano que parece funcionar como metáfora de otro de los grandes temas de la novela: el desclasamiento en esa sociedad de la apariencia que Mila, a su paso por Barcelona para estudiar Bellas Artes, contempla desde cierta distancia irónica. «Como muchos de su generación, es la primera de su familia en ir a la universidad», destaca, también desde el jurado, la filóloga Mita Casacuberta, para quien otro de los puntos fuertes de «No soc aquí» es el «léxico familiar». «A veces nos olvidamos de que somos cómo hablamos», subraya la propia Ballbona.

Es más: a la hora de escribir «No soc aquí», la también poeta y periodista reconoce haber hecho un «inventario de palabras y formas de hablar» del que surgen expresiones como «filipolles», insulto habitual en boca del padre de la protagonista. «En realidad he hecho este libro para que media Cataluña pase de decir ‘gilipolles’ a ‘filipolles’», bromea.