España

21 años de condena para Carlos, el estafador que mató a bastonazos a un anciano para desvalijarlo y lo tiró a una escombrera

21 años de condena para Carlos, el estafador que mató a bastonazos a un anciano para desvalijarlo y lo tiró a una escombrera

El 22 de septiembre de 2017, Salvador Tormo llamó a su hermana para decirle que iría a visitarla al día siguiente y se quedaría a dormir en su casa. Viudo, a sus 77 años vivía solo en Madrid y espaciaba sus visitas a Albaida (Valencia). No se le esperaba hasta pasado el mes de octubre, pero ese mismo día, su amigo Carlos, de 37 años, le había avisado que tenía una compradores belgas para un apartamento que poseía en Benidorm. Lo que era una viaje para cerrar un trato acabó en una encerrona. Quien se había ganado su confianza lo mató a garrotazos y tiró su cuerpo a una escombrera. Tres años después, ha sido condenado por la Audiencia Provincial de Valencia a 21 años y seis meses de prisión por los delitos de asesinato, robo y estafa, así como a indemnizar a los herederos de Salvador con 90.000 euros por daños morales.

La víctima se había fiado de un estafador, condenado en 2014 a tres años y seis meses de prisión en sentencia firme. Con el señuelo de la venta, el día 23 de septiembre Salvador acudió a casa de Carlos con su Mercedes para recogerlo y desplazarse a Benidorm. Pero el plan no era ese. Ya no salió del garaje. Varios bastonazos por sorpresa en la cabeza le rompieron el cráneo y destruyeron "los centros vitales encefálicos, lesiones que le provocaron la muerte en el acto", según recoge la sentencia. No tuvo oportunidad de huir ni de defenderse.

El condenado dejó el cuerpo allí mismo, se apoderó de la maleta que llevaba Salvador, el teléfono móvil, la documentación, las tarjetas de crédito y el coche. Inmediatamente, y durante las siguientes 48 horas, trató de desvalijar las cuentas del anciano. Se desplazó a cajeros automáticos de Ontinyent, Ibi y Muro de Alcoy, donde hizo extracciones de 3.500 euros, el máximo que le permitían las tarjetas de débito y crédito. "Para consumir", dijo durante el juicio. Cómo obtuvo los números PIN no ha quedado determinado. El asesino aseguró que se los habían encontrado anotados en el reverso de las tarjetas, versión que el comisario instructor puso en duda. Entre el asesinato y la primera extracción, a las 17:30 de la tarde, solo transcurrió una hora.

Dos días muerto en el garaje

Durante esos dos días, la hermana de Salvador comenzó a preocuparse. Él la llamaba cada día a dos de la tarde, explicó al jurado durante el juicio, y cuando trató de contactar con él, Carlos le dijo que se había quedado en Benidorm y ya nunca volvió a contestar cuando reconocía el número.

El 25 de septiembre de madrugada, regresó su casa, envolvió el cuerpo del anciano en mantas, lo cargó en el maletero del coche y lo lanzó en una escombrera apenas a 500 metros, cubriéndolo con restos de obra y matorrales y dejando el bastón con el que le había goloeado. Después dejó el Mercedes de Salvador en el concesionario de la marca en Cocentaina para que repararan un arañazo en un lateral y comenzó a moverse con un vehículo de sustitución, que ya no levantaba sospechas.

No fue hasta el 5 de octubre, ocho días después del crimen y cuando ya todos en el pueblo buscaban a Salvador, cuando acudió a la comisaría de Ontinyent para confesar el asesinato y desvelar dónde se había deshecho del cuerpo.


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