Economía

Más allá de Glovo: 60.000 trabajadores en plataformas

Más allá de Glovo: 60.000 trabajadores en plataformas

El repartidor de Glovo se ha convertido ya en una estampa cotidiana en las grandes ciudades. Sin embargo, no deja de ser la punta del iceberg de lo que representa en conjunto el trabajo en plataformas digitales que, por otro lado, nada tiene que ver con la llamada economía colaborativa. Y no lo es porque la economía colaborativa se basa en el alquiler de bienes infrautilizados. El trabajo en plataformas digitales nada tiene que ver con considerar a la persona un bien infrautilizado. Pero sí que es cierto que existe una «nueva forma de organizar el trabajo», según destacó este miércoles Adrián Todolí, profesor de Derecho del Trabajo de la Universitat de València y director del estudio encargado por Labora sobre El trabajo en plataformas digitales en la Comunidad Valenciana.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el trabajo en plataformas no afecta únicamente al poco cualificado. Es decir, más allá de los repartidores de comida, son sobre todo las profesiones liberales las que mayor hueco encuentran en las plataformas. Las hay que ofrecen servicios de todo tipo:de arquitectura, informática, diseño... «Transforman todos los sectores», señaló Todolí, lo cual no significa que creen nuevas ocupaciones. Los sectores productivos son los mismos; lo que cambia es «la forma de ofrecer los servicios». El problema es cuando, como consecuencia de dicha transformación, el trabajador pierde por el camino derechos laborales, como suele suceder.

Y este es un dato a tener en cuenta, pues España es el segundo país de la Unión Europea con más trabajadores en plataformas:600.000 trabajadores. En el caso de la Comunidad Valenciana, la cifra oscila entre los 40.000 y los 60.000 trabajadores, sin olvidar que solo en el primer semestre de este año se pusieron 3.000 infracciones por falsos autónomos.

De hecho, la precarización del trabajo suele estar tras la nueva fórmula, pues la mitad de los trabajadores digitales eran previamente asalariados que perdieron su trabajo. «El perfil del trabajador es el de un desempleado al que el mercado de trabajo no da una oportunidad y acaba en una plataforma», destacó Todolí. Trabajo masculinizado y con «fuerte brecha digital», afecta sobre todo a jóvenes. La mayoría está por debajo de los 45 años, siendo la media de edad de 10 años menos que en el sector tradicional.

¿Y qué hay de la supuesta flexibilidad? Estas plataformas suelen argumentar que el empleado es libre para rechazar el trabajo. En palabras de Todolí, «no es una verdadera libertad, pues el 90% de los trabajadores querrían trabajar más para alcanzar una remuneración suficiente». Dicho con otras palabras, si rechazan el trabajo, no llegan a final de mes. En cuanto a la formación, cabe subrayar que «los trabajadores de plataforma no reciben formación porque son calificados como autónomos». Todolí insistió en que «la alta competencia entre trabajadores hace que las plataformas se desentiendan de la formación, ya que no tienen incentivos». Al fin y al cabo, la cola para apuntarse a una plataforma es larga.

';trade digital';, ¿alternativa al autónomo?

Los tribunales han fallado en numerosas ocasiones que los trabajadores de las plataformas digitales son falsos autónomos, en contra del argumento de empresas como Glovo o Deliveroo. Aun así, la opinión de los tribunales no ha sido unánime, por lo que desde el sector se ha propuesto la regulación de una nueva figura laboral alternativa: el nuevo autónomo 'TRADE digital'. ¿Tiene sentido?

A juicio de Adrián Todolí, profesor de Derecho del Trabajo de la Universitat de València, la respuesta es no. «Plantea más problemas que soluciones», señaló, pues de entrada se trata de una figura que «crearía competencia desleal hacia otros sectores». Y ello porque la plataforma que emplease a los autónomos legalizados como 'TRADE digital' ahorraría costes de Seguridad Social y derechos laborales, mientras que la empresa tradicional tendría que seguir empleando a trabajadores laborales, con un mayor coste. Por ejemplo, «Seur no aguantaría frente a Amazon».

En este sentido, esta regulación podría incluso acabar generando un «efecto llamada», ya que las empresas se reconvertirían en plataformas, con la consiguiente precarización del empleo.

Para el secretario autonómico de Empleo, Enric Nomdedéu, «las nuevas tecnologías no deben hacernos replantear las relaciones laborales». «No apostamos por un modelo intermedio», zanjó.