Economía

El miedo a los rebrotes saca un nuevo brillo al oro

El miedo a los rebrotes saca un nuevo brillo al oro

El precio del metal precioso ha batido esta semana máximos de hace nueve años

Corría el año 1848 cuando James Marshall, trabajador encargado de contruir un aserradero para abastecer de madera al rancho de su jefe, el inmigrante suizo John Sutter, descubrió una pepita brillante en el fondo de un riachuelo que cambiaría para siempre la historia de California. El hallazgo de oro corrió de boca en boca a una velocidad digna de la época de internet desatando a su paso una oleada de inmigración histórica y que convirtió a San Francisco, por entonces un pequeño pueblo, en una gran ciudad.

Desde entonces, la fiebre del oro vuelve a subir de temperatura cada vez que las perspectivas económicas se nublan. Y la crisis del Covid-19 no ha sido una excepción. El precio del metal ha rozado esta semana los 1.825 dólares por onza, lo que supone batir máximos desde hace nueve años y acercarse a sus registros históricos, los 1.900 dólares.

La incertidumbre renovada en los mercados está detrás de este movimiento de capitales hacia el metal precioso y los expertos creen que la tendencia aún tiene recorrido. De hecho, los instrumentos de inversión respaldados por oro físico (como los llamados ETF) han recibido un récord de flujos netos de 40.000 millones de dólares durante la primera mitad del 2020, que ha contrarrestado la caída de la demanda del metal en el sector de la joyería, estimada en un 20%.

«El metal amarillo ha alcanzado el 19% de rentabilidad en lo que va de año y se ha convertido en uno de los activos con mejor rendimiento en un escenario de incertidumbre máxima que ha empujado a los inversores a la búsqueda de opciones más seguras», explica Giorgio Semenzato, CEO y co-fundador de Finizens, uno de los «roboadvisors» líderes en España. En la misma línea apunta el analista de IG Diego Morín, que señala que los inversores han incrementado sus posiciones en el oro «debido a las dudas que existen sobre la recuperación económica, y ello, ante los nuevos rebrotes del coronavirus que se registran en todo el mundo, sobre todo, en EE.UU».

Pero además de la incertidumbre hay otros factores que impulsan la cotización del metal precioso. Y el dólar es uno de los de mayor peso. Los precios de las materias primas en el mercado internacional se establecen en dólares, por lo que si el dólar sube, comprar oro es más caro en el resto de las divisas, lo que hunde su demanda y su precio. En cambio, si el dólar está débil, se produce la situación contraria, aumenta la demanda de oro y el precio sube. «El oro ya no es solo un activo de cobertura, sino un depósito de valor ante las divisas», reflexiona Tomás Epeldegui, director en España de Degussa, empresa dedicada a la comercialización de oro físico de inversión y otros metales preciosos.

Por extensión, la política monetaria también tiene el poder de inclinar la cotización del metal. Cuando la Reserva Federal o el BCE bajan el precio oficial del dinero, se reducen los rendimientos de los instrumentos de inversión más tradicionales, lo que lleva a los inversores a refugiarse en opciones alternativas como el oro físico. El efecto es el inverso cuando los tipos de interés suben. Además, el oro ha sido tradicionalmente una herramienta de cobertura y protección contra la inflación, un escenario al que se suele temer tras periodos de abundante liquidez en los mercados, como el que existe actualmente.

«Con anterioridad a la aparición del Covid, el metal amarillo produjo rentabilidades importantes durante el 2019 (20% en euros) por lo que su ascensión se debe ya no solo a la elevada demanda ante la incertidumbre, sino a estos otros factores importantes», remarca Semenzato. Y es que el metal precioso es un recurso limitado, cuya producción no puede incrementarse a demanda.