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Una noche surrealista en la NHL: el conductor de la pulidora del pabellón se convierte en portero, y héroe, del equipo visitante

Una noche surrealista en la NHL: el conductor de la pulidora del pabellón se convierte en portero, y héroe, del equipo visitante

En la NHL, la liga nacional de hockey de Norteamérica, cada equipo tiene un portero suplente para sustituir al titular en caso de lesión. Pero, ¿qué pasa si ambos se lesionan? En cada encuentro hay un 'portero de emergencia' que puede llegar a jugar para cualquiera de los dos equipos que disputen el partido. Una circunstancia pocas veces vista y a la que no se da demasiada importancia. Por eso se trata de un portero amateur que no forma parte de la disciplina de ninguno de los dos rivales. Pero a veces, sólo a veces, el deporte regala momento absolutamente surrealistas.

Esta pasada noche, en el duelo entre los Toronto Maple Leafs y los Carolina Hurricanes, ese momento surrealista lo vivió Dave Ayres, de 42 años, conductor de la pulidora de hielo del pabellón, trabajador en el departamento de mantenimiento y portero del equipo canadiense sólo durante los entrenamientos. Hace 15 años tuvo que pasar por el quirófano para que le realizaran un transplante de riñón, y ahora es el hombre más famoso de la NHL.

Ayres debutó ayer como portero, aunque no de 'sus' Maple Leafs, sino de los Hurricanes, el equipo rival. El conjunto de Carolina vio cómo durante el partido se les lesionaban los dos porteros que tenían en plantilla, James Reimer y Petr Mrazek, así que tuvieron que apelar a la figura del 'portero de emergencia'. Ayres, que estaba viendo el encuentro en la grada junto a su mujer, comenzó a recibir llamadas y mensajes de texto. Tenía que bajar al vestuario, ponerse la camiseta de los Hurricanes y saltar a la pista para defender el resultado.

Y fue el héroe.

Se convirtió, evidentemente, en el jugador de más edad en conseguir su primera victoria en su debut. Un 3-6 del que fue la absoluta estrella al detener ocho de los diez disparos que hicieron sus rivales. Estaba acostumbrado a parar lanzamientos de jugadores profesionales en los entrenamientos, pero hacerlo en 'la vida real' es algo muy distinto.

"Fue increíble. El mejor momento de mi vida", explicaba Ayres a la televisión después del partido.

El hombre, que cobrará 500 dólares por el partido, salió a la pista con 1-3 a favor de los Hurricanes, equipo cuya portería tenía que defender. Llevaba puesta su camiseta, pero su casco era de los Marlies, el filial de los Maple Leafs. El único casco que tenía. Nada más salir, Carolina amplió la renta a 1-4, pero los dos primeros lanzamientos de Toronto sobre Ayres fueron gol: 3-4. "Me decían que disfrutara, que daba igual si me metían diez goles. Fue fantástico". A partir de ahí, 'su' noche. Comenzó a detener disparos y no encajó ni uno más para la victoria final de su equipo: 3-6.

"Es algo que nunca olvidaré", reconocía, mientras 'su' afición, a la que había fastidiado esa noche parando tantos lanzamientos, le aplaudía. "Los fans han estado increíbles, a pesar de que yo estaba defendiendo al equipo visitante. Cada vez que hacía una parada les oía gritar. Increíble".

La camiseta de la 'leyenda' Ayres con el número 90 seguro que es una de las más vendidas de la semana en Carolina.

En el vestuario, entre superestrellas, el héroe fue el tipo de 42 años.