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Un indomable Valencia se mete en octavos y manda al Ajax a la Europa League

Un indomable Valencia se mete en octavos y manda al Ajax a la Europa League

No podía haber un escenario mejor ni un rival más significativo ni un guion más épico para demostrar que el Valencia ha vuelto al selecto grupo de los grandes equipos europeos. Navegar en la mediocridad es la condena que llevaba cumpliendo este equipo, temporada tras temporada. Desde hace siete no lograba hacerse hueco entre los mejores del continente. No se resignó, por momentos trató de rebelarse contra un destino injusto, pero no pudo. Tres temporadas de reconstrucción, de aprender a levantarse tras los golpes y una Copa han inoculado en el equipo que ahora dirige Celades esfuerzo, valor y sacrificio. Los tres elementos esenciales para la proeza a los que el Valencia ha sumado uno más: la fe.

Cuando el destino más se preparaba para negarle el premio, más se ennoblecían estos jugadores para doblegarlo. Su oportunidad en Europa no la iban a desperdiciar. Más allá de la calidad, de las estadísticas y los sistemas, el gran valor de los valencianistas es mostrarse inasequibles al desaliento ante retos enormes.

El Valencia saltó al Johan Cruyff Arena sin lastre. Mermado por las lesiones pero firme en la convicción que les ha inculcado Albert Celades: protegerse atacando. Pura filosofía holandesa. En el primer minuto, un cabezazo demasiado cruzado de Rodrigo avisó a Onana. Con Ferran como mejor arma, el partido cobró un cariz intenso al que quiso responder el Ajax con un fortísimo disparo de Tadic desde el pico del área aprovechando un error de Wass. Segundo aviso: ante estos rivales que piensan más rápido que manejan el balón no hay tiempo para enmendar.

El dominio de los holandeses fue creciendo con los minutos. Trataban de forzar el error de aquella defensa que tantas grietas le mostró en Mestalla, aprovechando la movilidad de Tadic y Ziyech. Y si el plan fallaba, Ten Hag había dado orden de cortar cualquier contra ordenando a Álvarez ahogar a Parejo.

No conseguía el Valencia despegarse de un Ajax pegajoso que tampoco le hacía sufrir en exceso. Sólo era cuestión de esperar el momento. Llegó por el inagotable empuje de Gayà, que se descolgó en ataque a la caza de un balón perdido por Veltman en la frontal, buscó a Ferran en la derecha y, con un descaro propio de quien lidera un equipo, asistió a Rodrigo para batir de un derechazo a bocajarro por la escuadra a Onana. La oportunidad esperada había llegado.

Lesiones

No tenía más remedio el Ajax que apretar el acelerador, ante lo cual el Valencia se frotaba las manos. Muy concentrados en no cometer errores, contuvieron al conjunto holandés, que obligó a Jaume Domenech a sacar la mano en un centro-chut de Ziyech y a Gayà a salvar bajo palos un remate de Van de Beek al borde del descanso.

En los últimos minutos, el partido se abrió y otra entrada por banda de Gayà encontró a Gameiro en la frontal para que descargara en un Rodrigo que, esta vez, no sorprendió al meta holandés. Incluso Parejo tuvo tiempo de probar con un tímido disparo.

Pero al Valencia nada le puede resultar cómodo. Está en su naturaleza revestir cada logro de una pátina épica. Así que la segunda parte comenzó con lesiones, con más lesiones. A Paulista le falló la rodilla y apretó los dientes para seguir en el campo, algo que no pudo hacer Gameiro, que obligó a Celades a mirar a un banquillo remendado con jugadores del filial.

La roja a Paulista

La derrota expulsaba al Ajax de una competición en la que comparecía como semifinalista, así que se lanzó en busca del empate. Pudo complicárselo Rodrigo con un disparo cruzado, pero pronto los holandeses comenzaron a tocar buscando el desajuste de un rival que reculó por los contratiempos.

Incapaz de salir del área, Jaume comenzó a verse asediado. Desperdició Ziyech un balón recuperado de Van de Beek a la espalda de Wass y Lang una media chilena casi en el área pequeña. Cada vez estaban más cerca, aunque también más nerviosos.

No es el Ajax un equipo acostumbrado a lidiar con la ansiedad y fue sumando errores, precipitaciones y jugadas desesperadas, mientras el Valencia se esforzaba en no descomponerse, sobre todo cuando a Paulista le pudieron los nervios y vio la roja. Todos a una, concentrados porque, después de la final de Sevilla, ésta es la final que les doctora en Europa.