Deportes

Un extraordinario Burgos convierte la siesta del Real Madrid en pesadilla

Un extraordinario Burgos convierte la siesta del Real Madrid en pesadilla

Pocas veces las heroicidades tienen premio en este baloncesto tan polarizado, donde casi siempre ganan los mismos, donde las sorpresas escasean como tesoros. Lo logró el Burgos, ganar por primera vez en su historia a todo un Real Madrid, saltar la banca de esta Fase Final para ponerlo todo patas arriba. Una tarde histórica de sábado, donde Joan Peñarroya confirmó todas las sospechas: es un entrenador extraordinario.

No fue un despiste cualquiera para el Madrid, enredado ahora en La Fonteta, casi obligado a derrotar el lunes al anfitrión. Pagó por sus pecados el grupo de Pablo Laso, sin alma ni coraje, sobrepasado por la lección de entusiasmo y concentración del rival. Le birló el Burgos el rebote pese a no tener gigantes vestidos de azul. Y, a partir de ahí, planteó una batalla sin complejos, desactivando una a una las tarascadas blancas, algo desesperadas. El final lleno de despropósitos fue el castigo justo.

El Burgos consiguió hacer que la sobremesa fuera indigesta para el Real Madrid, incómodo en La Fonteta como una siesta con moscas, pese a otro estruendoso arranque (2-12), que quedó rápidamente en nada con la reacción castellana (16-2 de vuelta), mientras Laso se desgañitaba: "¡No dura ni dos minutos la concentración!".

El entusiasmo azul encogía al favorito, en el que solo Tavares, Carroll y dos triples fuera del guion de Jordan Mickey ponían el contrapeso. La falta de resquicios ofensivos contagiaba al Madrid en su defensa, sin la intensidad y la contundencia de siempre. Sin el dominio del rebote, los blancos no corrían. Y el Burgos, crecido, hacía pagar los errores y encontraba héroes: McFadden, Fitipaldo, Rivero... Un empujón propiciado por Rudy pareció impulsar al grupo de Laso (31-36), pero de nuevo el plan de Joan Peñarroya, un parcial de 13-5 para llegar al descanso con ventaja y esperanza.

No se achicó el Burgos a la vuelta de vestuarios, bien parapetado para la obligada subida de intensidad rival. Parado el golpe que no fue, con McFadden destrozando a un Jeff Taylor con la misión de frenarlo. En ese momento, avanzando el tercer acto bien subidos a la ola, empezó a creer realmente. Porque Bassas ganaba la batalla a Campazzo, el rebote seguía siendo suyo -tremendo Pablo Aguilar ahí-, el acierto no les abandonaba e, increíblemente, la ventaja no dejaba de crecer (65-55, min. 28). Dos triples de Llull fueron como una bocanada de oxígeno para el Madrid justo antes de la recta de meta.

Con Tavares al fin dominando por un instante los rechaces, amagó el Madrid con quebrar el entusiasmo rival. Ahí estuvo el instante clave que suele tumbar sueños de grandeza. Pero Peñarroya no iba a tirar todo el trabajo por los suelos, pese a tener a sus jugadores al límite en todos los sentidos. Paró la batalla y enchufó a sus guerreros, inyección de valentía, de confianza, de amor propio. Hizo mil errores el Madrid, de principio a fin, pero todo el mérito es burgalés, que le hizo humano. Benite no tuvo ahora ningún completo, aunque dos errores seguidos a punto estuvieron de estropearlo todo (81-81).

Pero no era el Madrid de siempre, sonámbulo, despistado, errático. Cuando Benite falló un triple algo desesperado, Aguilar ganó la partida a un Mickey fuera de cacho por el rebote. Otra vez. El propio Mickey hizo falta a Bassas con menos de nueve segundos por jugar, era la sentencia. Aunque por si acaso perdió el Madrid el balón de fondo después. Un despropósito. Una heroicidad. Un lío ahora para los blancos, que el lunes se enfrentan al Valencia con muy poca red.

  • Ultima hora
  • Traductor español
  • Programación
  • Calendario 2020
  • Horoscopo hoy
  • Clasificacion liga
  • Calendario Liga Santander
  • Peliculas hoy
  • Temas
  • Carlos Ruiz Zafon
  • Unicaja - Barça
  • Norwich City - Southampton
  • Granada CF - Villarreal
  • Mallorca - Leganés
  • Sevilla - Barcelona