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Ricky Rubio, su desengaño y su nueva etapa en los Timberwolves: "Bla, bla bla... Parece que nada era verdad"

Ricky Rubio, su desengaño y su nueva etapa en los Timberwolves:

Ricky Rubio lleva más de 15 años jugando como profesional pero acaba de cumplir 30. Fue padre hace unos meses y campeón del mundo hace poco más de un año, dominando el torneo en China (MVP). Hace tiempo que ya no es el joven descarado que impresionaba por su osadía, pero tampoco es un veterano con la retirada a la vuelta de la esquina. Por eso el último movimiento del siempre voraz mercado NBA ha trastocado los cimientos de su estabilidad. Aunque le suponga regresar a una plaza tan especial para él como es la de los Timberwolves.

Si ya reaccionó con aspereza al traspaso que le arrancaba de cuajo de los Suns, el equipo que él eligió en 2019 y con el que habían logrado tal química que sin meterse en los playoffs fueron la gran noticia inicial de la burbuja de Orlando (nadie logró ganarlos allí, ocho triunfos de carrerilla), ahora se ha explayado en The Athletic, donde repasa este terremoto.

"No es la manera de la que me quería enterar. Especialmente lo digo por mi agente, que estaba hablando con el equipo [Phoenix] y al que le habían dicho que mi nombre estaba fuera de la mesa de negociación pese a los rumores. Y luego pasó todo eso", denuncia el español, sobre el traspaso que le mandó de vuelta a Minnesota, paso intermedio por Oklahoma, a cambio de la llegada a Arizona de un base del nombre (pero también de la edad, camino de los 36 años), de Chris Paul. "Sientes que todo lo que te han dicho durante todo el año... Bla, bla bla... Parece que nada era verdad", lanza Ricky sobre el desengaño.

Volverá al 9

La salida de los Suns, quizá donde más brilló Rubio, como el sol de Phoenix, junto al 'killer' Devin Booker, con un proyecto de futuro que ahora se intenta reinventar con el influjo de Paul, supuso un mazazo, pero el destino final tiene un guiño romántico para Ricky, pues vuelve a los Timberwolves, el lugar al que aterrizó en la NBA en 2011 y donde jugó hasta 2017.

"La manera en al que me fui en su día no es la que quería. Entiendo que esto es una industria y cómo funciona. Tampoco estaba listo para volver el año pasado", cuenta Ricky de su marcha a los Jazz y de cómo el paso del tiempo influye. Ya no es el mismo base. "Las cosas han cambiado. Diez años cambian tu vida. Soy un jugador diferente y un hombre diferente. Ahora soy más maduro y estoy más preparado". Por eso quizá recuperar su dorsal habitual, el número 9 después de vestir el 3 y el 11: "No quería usarlo en ninguna otra ciudad de la NBA. Siento que es solo para Minnesota".

En Minny compartirá vestuario con Juancho Hernangómez, al que renovaron por tres años (21 millones de dólares). Y también tendrá estrellas a su alrededor como Karl Anthony Towns, D'Angelo Russell o el número uno del último draft, Anthony Edwards. Además, en el banquillo encontrará a un buen amigo, Ryan Saunders, ayudante en su etapa anterior e hijo del fallecido Flip Saunders. "Viendo los vídeos que me han hecho a mi regreso me he quedado pensando: 'Guau, esto ocurrió hace ya mucho'. Muchos recuerdos viniéndome", admite. Y también muy cerca estará Pablo Prigioni, uno de aquellos veteranos a los que se enfrentaba cuando era un adolescente: "He tenido muchas batallas con él y aprendí de esa mentalidad argentina, que es como la que tiene la selección española".

Su nuevo técnico tiene muy claro lo que supone el retorno del base. "Ricky es una pieza necesaria cuando se trata de ser un constructor de cultura, un jugador de equipo en primer lugar y del impacto que tiene dentro y fuera de la cancha. Estoy encantado de darle la bienvenida de nuevo a Minneapolis", anunció el entrenador en jefe de los Timberwolves, Ryan Saunders.