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Reyes del mundo

Reyes del mundo

Hace algo más de dos años, cuando España ganó la Eurocopa en Viena, me quedé en el estadio hasta muy tarde. Esperé a que se vaciara. Y luego, acompañado por un amigo, me senté con una extraña, plácida, sensación de felicidad. Nos encendidos un cigarrillo y le dije: «No tengas prisa por fumarlo. No tengas prisa por irte. Quién sabe cuándo volveremos a estar aquí». En una final. En un título. Campeones.Volvemos a estar aquí. Y, esta vez, es el título de títulos. El que siempre ganaban otros. Aquél por cuya carencia los aficionados al fútbol españoles nos sentíamos malditos, exiliados en un Egipto para tribus perdidas sin que nadie abriera los