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Oficio del Granada para tumbar al Sevilla

Oficio del Granada para tumbar al Sevilla

Con Europa en las pupilas y el parón de selecciones en los gemelos, Granada y Sevilla se enfrentaban empatados a puntos y compartiendo buen desempeño en el arranque liguero. Empezó perfecto el Granada, granítico y mandón. Un disparo de Luis Milla que salió desviado por muy poco y una maraña en el área que pudo acabar en gol, con el equipo visitante taponando disparos como podía, dejaron claro que la victoria en Los Cármenes sólo sería posible por la Vía Dolorosa. El Sevilla se rehízo dignamente y dio respuesta al planteamiento de Diego Martínez con dos canciones habituales en el repertorio: Un centro medido de Jesús Navas desde el costado, que Joan Jordán, sólo en el corazón del área, cabeceó fuera; y un disparo lejano de Munir que, pese al insidioso bote, Rui Silva rechazó con brillantez a un lado.

El encuentro avanzó a trompicones. Escudero y Domingos Duarte tuvieron que ser sustituidos por lesión. El fútbol, embotado y tibio, fue sustituido por la disciplina y el miedo al error. Ni Suso, transparente, ni Fernández, que estrenaba titularidad, pudieron asustar al meta nazarí. En los locales, un Kenedy renqueante y un Soldado más preocupado por la presión que por la magia, tampoco perturbaron el recreo de Bono. La tensión y el cero a cero fueron endureciendo el partido. González Fuertes aireó los cartones con alegría. Foulquier fue amonestado por una reiteración colectiva, una fantasía disciplinaria. Joan Jordán sumó dos amarillas en un minuto y fue expulsado en la orilla del descanso.

De Jong y Ocampos salieron en la segunda mitad para tratar de batallar con uno menos. Empezó equilibrado el choque pese al futbolista que faltaba. El Sevilla se empezaba a sentir cómodo y Diego Martínez trató de impedirlo dándole minutos a dos de sus mejores futbolistas: Darwin Machín y Yangel Herrera. Su apuesta funcionó inmediatamente. Empezaron a recular los hombres de Lopetegui. Munir, incansable y obtuso durante todo el partido, empezaba a notar el cansancio.En el minuto 65 llegó la jugada más peligrosa de los locales. Foulquier cedió a Darwin que centró al área pequeña, donde llegaba Puertas. Bono achicó rápido y detuvo su remate.

Quedaban veinte minutos y Martínez, viendo al Sevilla deshilvanado y agotado, se lanzó a por los tres puntos. Fede Vico y Luis Suárez daban oxígeno al ataque granadino. Los nervionenses, contra las cuerdas, se defendían lanzando los puños con ternura. Aguantaban de pie. Resoplaban. Pero no terminaban de caer. El Granada amasaba la pelota en las zonas calientes, pero sin mordiente ni urgencia. Sabedores de que alguna ocasión tendrían. Y así fue. En el 81, Foulquier, demasiado solo, centró blando al área. Yangel se alzó sobre su marcador, Diego Carlos, y de un testarazo derribó la muralla de Bono.

El Sevilla buscó la heroicidad, desguarneciendo la retaguardia y fiándolo todo al coraje. Entró el Mudo Vázquez y ya todo fue intentar colgar balones al área buscando su corona y la de De Jong. El Granada aguantó el envión desesperado y celebró su victoria tras un partido intenso, sin errores, donde la arquitectura de Diego Martínez volvió a elevarse fiable y honrada sobre el césped de Los Cármenes.


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