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Nostalgia de Ballesteros en el British

Nostalgia de Ballesteros en el British

Treinta años después de su último triunfo en el torneo, nadie ha igualado su carisma

El «British» vuelve a Carnoustie y el recuerdo de Severiano Ballesteros resurge con más fuerza que nunca. En primer lugar, porque aquí debutó como profesional en 1975 y conoció la dureza de un torneo que luego le cautivaría para siempre. Su actuación aquella semana fue mala (79 golpes en la primera jornada y 80 en la segunda) y, lógicamente, no pasó el corte. Pero su amor por este campeonato creció con el tiempo y cuando regresó a esta sede, en 2007, el cántabro aprovechó que tenía 50 años cumplidos para anunciar su retirada del golf en activo. Vino a Carnoustie, dio una rueda de prensa y regresó a casa sin querer restar protagonismo a los que desde entonces iban a llevar las riendas de este deporte.

Entre ese principio y ese final transcurrieron treinta y dos años en los que Seve se convirtió en el jugador de referencia no solo del torneo, sino del golf británico en general. Es sabido que las masas disfrutaban más con sus éxitos que con los de Nick Faldo, supuestamente el ídolo local, y esa sensación sigue perdurando hoy en día. «Hay una gran diferencia entre ser una estrella y una súper estrella», indica Gary Player, ganador de nueve majors. «E, incluso entre ellas, hay muchos factores que influyen en lo que la gente piensa de ellos, aparte de los triunfos que logren. Yo tenía una gran relación con Seve, era como mi hermano pequeño, viajábamos por todo el mundo y nos tomábamos muy en serio nuestra labor como embajadores del golf. No me extraña que la gente le quisiera tanto».

Una de las razones de ese éxito popular era su magnetismo, una fuerza que traspasaba los límites del propio deporte. «Llevo más de treinta años haciendo fotografía deportiva y me he encontrado con pocos personajes así en mi carrera: Seve, Tiger Woods, Greg Norman y Rory McIlroy», comenta David Cannon, el fotógrafo que captó la imagen de Ballesteros con el puño en alto en St. Andrews y que se convirtió en su imagen de marca. «Aparte de la sonrisa que tenía y de los buenos golpes que pegaba, tenías la seguridad de que cada día que le siguieras por el campo te iba a dar una foto de portada», añade.

A lo largo de su dilatada trayectoria en el Open, el de Pedreña vivió tres momentos de gloria con las tres Jarras de Clarete, ganadas en 1979, 1984 y 1988. Y en todas ellas estuvo presente John Hopkins (periodista de The Times), que las recuerda con mucho cariño. «Me siento un privilegiado por haber podido seguir su carrera y doy fe de que el público británico (y en concreto el escocés) sentía por él auténtica devoción. De hecho, me consta que su victoria de St. Andrews fue la que más ilusión le hizo al ser en Escocia (las otras dos fueron en el links inglés de Royal Lytham)».

Escocia, su tierra prometida

Para Cannon, el éxito de Seve en la cuna del golf fue un punto de inflexión en su carrera gráfica y, de hecho, le hizo millonario gracias al momento icónico que fue capaz de captar con su objetivo. Pero, pese a la trascendencia de ese negativo, su imagen favorita es la que le hizo en 1988 en la jornada del viernes, «donde aparece con unos pantalones verdes, un jersey azul y toda la melena al aire en el momento de pegar un golpe». «Creo que ahí se reflejan toda la fuerza, la intensidad y la fiereza con las que jugaba en todo momento. Era impresionante», confiesa.

Para Hopkins, las victorias del genio en el torneo más antiguo del mundo se podrían resumir en tres momentos: «El abrazo con sus hermanos en 1979, donde ninguno pudo reprimir las lágrimas; su celebración en St. Andrews en el 84; y, luego, un momento suyo en en el 88 en el que la hierba le llegaba hasta los hombros en el rough. Especialmente en los momentos difíciles su imaginación transmitía una gran electricidad al público». Por eso hoy se le echa tanto de menos.