Deportes

Maxi Gómez desconecta al difuminado Barça de Setién

Maxi Gómez desconecta al difuminado Barça de Setién

En el fútbol no hay fórmula empírica. Visión, habilidad, fuerza y gol se combinan en dosis distintas como forma de conducir a la victoria. Porque el disfrute nace casi únicamente de ella. Los porcentajes de posesión y los récords de pases la endulzan pero nadie los entienden si se camuflan de sustitutivo del gol.

Mestalla pedía a voz en grito una declaración de intenciones a cada equipo y la respuesta la tuvo desde el primer segundo. El Barça de Quique Setién vive agarrado al balón para aburrir al rival. El rondo eterno que nace en Ter Stegen... pero muere antes de pisar área. Busquet, De Jong y Artur se asociaban, tocaban y aguantaban el balón hasta seis minutos seguidos, pero no sorprendían. Ni Jordi Alba y ni Sergi Roberto. Griezmann buscaba cómo entrar en juego, Ansu Fati los espacios donde pudieran encontrarle y Messi se volvía por momentos muy gris.

El Valencia, ligeramente injertado del espíritu de Celades, no entró en esa pelea. Se mentalizó para agazaparse y no verse atrapado en la sombra, para florecer justo en el momento oportuno. Muchos minutos le costó tocar una pelota pero pocos más poder pisar el área. Kondogbia, mariscal erigido en el cerebro por la ausencia de Parejo, aprovechó la parsimonia blaugrana, robó, se asoció con Soler para que abriera a Gayà que se coló en el área hasta que Piqué lo paró en penalti. No podía haber logrado el Valencia más rendimiento a sus minutos de posesión, sin embargo emergió Ter Stegen para despejar el disparo de Maxi.

Lejos de recostarse en la desgracia de no noquear al Barça, el Valencia insistió en la fórmula. Con una firmeza defensiva muy olvidada en otros partidos, buscó la presión con la que cortocircuitar al Barça y tuvo que volver a aparecer Ter Stegen para atrapar un mal despeje de Piqué a centro de Ferran y después el rechazo de un disparo de Maxi al larguero que cazó Gameiro. Solo el alemán cumplía en la tarea de sostener el cero en su marcador.

Quisieron despertar los azulgrana con el primer tiro a puerta, de una falta directa de Messi. Nada más. La posesión no le había protegido y, además, el dominio ya no era tan abrumador. Setién cambió de banda a Griezmann y a Ansu Fati. Tampoco resultó. En la estadística no aparecía ni un solo saque de esquina y el explotado era Ter Stegen, obligado a hacer cinco paradas más que en cualquier partido de la primera vuelta.

El paso por el vestuario cambió el guion. Maxi se desquitó de sus errores y abrió el marcador. El meta blaugrana, despistado porque golpeó en Jordi Alba, no pudo frustrar de nuevo al uruguayo.

El jarro de agua fría tuvo su efecto en los banquillos: Setién buscó la mordida de Arturo Vidal y Celades más control en ataque con Rodrigo. Al Barça le sentó bien quién sabe si el cambio o el gol en contra. Lo cierto es que despertó para proteger su liderato. Avanzó líneas y cercó del Valencia en el área, no a base de sobar pelota sino de ocasiones. Se volvió más vertical y se encomendó a Messi. Tres jugadas del argentino pudieron poner el empate que, ahora sí, empezaban a rondar. Iba a costarle más a los valencianistas emerger buscando la contra y Jaume tuvo que aparecer para desviar una falta directa que se colaba en su portería.

La efervescencia blaugrana duró poco. 12 remates y solo cuatro entre los tres palos, pobre bagaje para un líder espeso y gris en Mestalla ante un rival resiliente. El equipo de Celades puede tener lagunas, casi todas en defensa, pero ha aprendido a sostenerse en momentos decisivos como los que se le presentaban.

Era cuestión de, sin perder la compostura, esperar la pérdida, buscarla e incluso provocarla, porque este nuevo Barça sigue siendo plano. Y llegó. Maxi cazó una asistencia de Ferran para ampliar una ventaja ganada a pulso en cada centímetro del campo. Sin la brújula de Parejo, con el tentado Rodrigo en el banquillo de inicio y con un penalti fallado, pero resucitando en cada pequeña muerte, el Valencia cerró una victoria que se le resistía desde hace 13 años y deja el liderato de la Liga en el aire.