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Las 100 carreras de Carlos Sainz: de la Virgen del Pilar a su pasión por el chile y las hamburguesas

Las 100 carreras de Carlos Sainz: de la Virgen del Pilar a su pasión por el chile y las hamburguesas

El 15 de marzo de 2015, Carlos Sainz debutó en la Fórmula 1 en Melbourne Park al volante de un Toro Rosso. Aquel domingo, todas las atenciones en el equipo de Helmut Marko recaían sobre Max Verstappen, un chaval de 17 años, tres menos que el español, con el que el filial de Red Bull presentaba el dúo de pilotos más joven de la historia. Del talento de Sainz, por entonces en entredicho, sólo había quedado constancia en la Fórmula BMW. Cinco años después, nadie duda de las condiciones de Carlos, uno de los pilotos más consistentes de la parrilla, que hoy celebrará en el GP de Estados Unidos su carrera número 100.

Muchos en Red Bull se arrepienten de haber dejado pasar por la misma puerta de su garaje una oportunidad así. En el ránking elaborado por la propia F1, Sainz figura como tercer mejor piloto del Mundial, sólo peor que Lewis Hamilton y Verstappen. A continuación enumeramos algunas de las claves y curiosidades de su consolidación en la elite.

Ética de trabajo

Durante todo el fin de semana, el trasiego en el hospitality de McLaren en el Circuito de las Américas ha resultado agotador. Los numerosos compromisos con los patrocinadores (Coca Cola, Estrella Galicia) explican por sí mismos el crecimiento de un equipo liderado en la pista por Sainz. Séptimo en la tabla, con un punto menos que Pierre Gasly y dos más que Alexander Albon, el objetivo de consolidar al MCL-34 al frente de la parte media de la clasificación, se ha cumplido con creces.

También el de ganar el pulso a Lando Norris, su novato vecino de garaje, al que casi dobla en puntos. Sin embargo, a estas alturas, Carlos no va a variar un ápice esa ética de trabajo con la que ha convencido a los escépticos. Incluso cuando los realizadores le relegan al ostracismo televisivo.

Tozudas rutinas

Sainz sigue siendo el gran piloto que firmó aquel colosal cuarto puesto en Singapur 2018 o el quinto en la clasificación del GP de España 2015. El que cumple la tozuda rutina de subir y bajar del coche por el lado derecho. O la de enfundarse en primera instancia el guante izquierdo. Con estas manías ha ido salvando los peligros de un deporte patrimonio de los más audaces. Tras aquel espeluznante accidente en Sochi 2015, una relativa tranquilidad en ese aspecto. Quizá porque siempre ha contado con una protectora singular.

Desde sus primeros pasos en los monoplazas, Carlos recibe las atenciones de alguien a quien considera de la familia. Juanjo Lacalle, mánager tantos años de su padre en los rallies, le compra cintas con la bandera de España y la figura de la Virgen del Pilar. De modo que cada uno de sus cascos contiene una de estas reliquias. Incluido el que estrena este fin de semana en Austin, con un diseño conmemorativo de su centenario en el Gran Circo.

Debilidad gastronómica

El casco, desde luego, dice mucho de Sainz, que luce con orgullo un chile, sin duda su más característico distintivo. No hay un solo domingo en que su círculo más cercano no se calce unos calcetines con dibujos del fruto rojo. Todo porque desde la infancia, Carlos es Chili para sus amigos del colegio. Da igual que nunca le haya gustado la comida picante. Da igual que su verdadera debilidad gastronómica sean las hamburguesas. Porque no hay un solo domingo, después de cada carrera, en que renuncie a la carne a la brasa. Incluso a deshora en un aeropuerto.

'Smooth Operator'

El meticuloso cuidado en la alimentación se intensifica los sábados, minutos antes de la clasificación, cuando renuncia a cualquier sólido en favor de un batido especial. Dentro del garaje, los ingenieros y mecánicos valoran la total implicación de su jefe de filas. El pasado julio, tras un gran sexto puesto en Silverstone, se hizo público a través de la radio lo que se venía cocinando desde semanas atrás. La conversación con Tom Stallard, su ingeniero de pista, nos reveló el otro apodo de Carlos: Smooth Operator. El título de la canción de Sade, que podría traducirse como «operador fino», ilustra a la perfección su estilo de pilotaje.