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La noche en la que Rita Barberá pronosticó que el Espanyol sería campeón

La noche en la que Rita Barberá pronosticó que el Espanyol sería campeón

Han pasado ya 20 años desde que el Espanyol levantó su tercera Copa del Rey. Un hito que rompía una sequía de títulos que se remontaba a 1940. Los blanquiazules eliminaron al Real Madrid en semifinales y vencieron en Mestalla a un Atlético (1-2)que ya era equipo de Segunda, pero que tenía una plantilla temible.

«No hay que olvidar que le había ganado 3-0 al Barcelona en la ida de las semifinales. Podía parecer más sencillo, porque había descendido, pero ese resultado dejaba claro que iban a ponerlo muy complicado», rememora Paco Flores, entonces técnico blanquiazul. «Para mí, esa Copa lo significó todo. Fue la culminación de una gran tarea. Todos teníamos una gran fe en el trabajo de cantera y esa fe se vio recompensada», señala.

«Si en 60 años no se había conseguido lograr otra, estaba claro que iba a ser difícil. Creo que nos ayudó a tener menos presión que los contrarios», apunta el técnico. «En lugar de trasladarla como algo malo, lo vivíamos como algo positivo. Además, llegar al campo, tal y como estaba Valencia, con tantísimos aficionados nuestros, la gente tan ilusionada, familias enteras con nosotros... Fue un día espectacular», explica Toni Soldevilla.

Era el central uno de los puntales del equipo, pero una inoportuna lesión le obligó a verla desde la grada. «En última instancia, formas parte de la plantilla, lo vives con intensidad, pero no es lo mismo. De todos modos, estoy muy contento, porque se logró algo histórico», destaca.

"Perdí la voz"

«No sé si fue por la emoción, pero perdí la voz en la primera parte y no la recuperé hasta el final. Al lado tenía a la que fuera alcaldesa de Valencia durante 24 años, Rita Barberá, y me decía: 'Che, Dani, tranquil, que guanyareu'. Y, efectivamente, ganamos», confiesa el entonces presidente blanquiazul, el empresario Daniel Sánchez Llibre.

En enero, tras la destitución de Miguel Ángel Brindisi, nadie podía prever un final tan feliz. «Tenía la convocatoria hecha para jugar contra el Celta y, prácticamente, tiraba la Copa para centrarse en la Liga. Paco Flores, en cambio, fue a por el partido. Costaba imaginarlo, claro, pero llegó un momento en que me lo empecé a creer. Eliminamos al Madrid y nos plantamos en la final, ante un Atlético que había bajado sin que nadie lo entendiera. Daban miedo», explica el ex dirigente.

La histórica pillería de Tamudo

El inicio marcó el partido. «Salimos muy enchufados, Raúl Tamudo hizo la pillería esa que ya se va a recordar para los restos y todo se puso muy de cara», explica Soldevilla. Tamudo le arrebató de las manos al portero Toni Jiménez para marcar el primer gol. El meta ya no se repondría y acabaría llorando sobre el césped. Soldevilla nunca olvidará el ambiente de Barcelona al día siguiente. «Fuimos a Sant Jaume y, te movieras por donde te movieras, todo el centro era blanquiazul. Era algo que no se vivía desde hacía muchos años. Y luego, llegar a Montjuïc, con todo llenísimo de gente, fue increíble», destaca.

«Cuando entré en el club, en 1992, mi primera labor fue con la cantera, algo que siempre me ha encantado. Fue un placer que el primer gol lo marcara Tamudo, un tanto histórico, y que el 2-0 lo anotara Sergio. Fue un orgullo, para todo el mundo, aunque Cavallero también nos dio media Copa, con las paradas que hizo, ante un Atlético que había descendido, pero que tenía grandes jugadores, como Hasselbaink, o como Capdevila y Toni, que habían estado con nosotros. Esa final es el mejor recuerdo que tengo de mi paso por el Espanyol. Fue un día de alegría para mí, para los pericos y creo que, también, para mucha gente de Cataluña», apunta Sánchez Llibre.

«Esa final fue el relanzamiento de nuestra cantera. No teníamos otra opción, no podíamos permitirnos el lujo de grandes fichajes, porque no teníamos dinero para eso. Yo llegué a la presidencia en 1997 con un compromiso de tres años. Nadie quería ser presidente tras la venta del campo y a mí, entre unos y otros, me empujaron a hacerme con el cargo. Si no hubiéramos ganado ese título, lo más seguro es que no hubiera seguido. Pero al ver la plaza de Sant Jaume con tanta gente gritando 'Dani, quédate', Fernando Molinos me empujó a salir al balcón y dije que, con una afición así, no podía irme», sentencia el ex máximo dirigente del Espanyol.