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La evolución del cazador de mayor

La evolución del cazador de mayor

Es hora de que el rececho de corzos sirva como una herramienta efectiva para la gestión correcta de sus poblaciones

Los más afortunados ya han salido a recechar corzos, aunque creo que la mayoría, al no poder desplazarse por otras comunidades autónomas, donde tienen los cotos, aún nos hallamos esperando el fin de la fase 2 para hacerlo. Parece que fue ayer cuando el rececho dejó de ser una modalidad de caza selecta y exclusiva, practicada por un pequeño ramillete de privilegiados. La culpa de que este tipo de caza se haya popularizado y se practique de manera generalizada la tuvo la expansión fulgurante del corzo por buena parte de la geografía nacional. Un fenómeno afortunado que muchos aún nos preguntamos cómo pudo acontecer, y sobre todo en un período de tiempo tan breve. En pocos años provincias como Valladolid han pasado de no tener ningún corzo a estar repletas de buenos ejemplares. Mi hermano y yo comenzamos a recechar en solitario y a aprender a base de errores las exigencias de esta bonita modalidad, en la que el cazador se enfrenta a la naturaleza en solitario y debe hacer gala de todas sus cualidades para salir airoso del reto. Por entonces, buscábamos tirar solamente a los machos adultos que tuviesen un buen trofeo, una buena cuerna. Era la cultura que imperaba y no nos paramos a darle una vuelta al porqué de nuestro proceder. La caza de trofeos se trata de una cultura de inspiración centroeuropea, que no es secundada por toda la humanidad.

Nuestros vecinos franceses, por ejemplo, son menos proclives a cazar el corzo a rececho y les gusta hacerlo en batidas, como el jabalí, donde tiran a machos de todas las edades, e incluso a hembras. Creo que la cultura de cazar solamente buenos trofeos, vigente sobre todo en el último siglo, fue un paso importante en la evolución del cazador de cara a conservar algunas poblaciones de herbívoros que se hallaban amenazadas, por ejemplo las cabras monteses de Gredos o los propios rebecos cantábricos. Buscando solamente cazar un buen macho, el recechador no molestaba a las hembras ni a los animales jóvenes, con lo que las poblaciones se recuperaron rápidamente. El establecimiento de algunas reservas y cotos nacionales, como Gredos, propiciado por Pedro Pidal y materializado por el Rey Alfonso XIII, tuvieron esa finalidad, que desempeñaron con éxito.

En la actualidad la caza de trofeos como se ha entendido hasta ahora está trasnochada y hay que avanzar un nuevo paso en la evolución del cazador. Somos muchos recechadores, y si todos buscamos lo mismo, cazar el macho más grande, el resultado es desastroso para el equilibrio de las poblaciones. He podido ver en muchas zonas del norte de España cómo las poblaciones de ciervos, que necesitan más años que los corzos para conseguir un buen trofeo, se han empobrecido por esta razón. No hay que ser un genio, ni siquiera un experto ganadero, para darnos cuenta de que si eliminamos solamente a los machos en plenitud la población degenera. Es imprescindible eliminar ejemplares de diferentes clases de edad y sexos para contribuir a mantener equilibrada la pirámide poblacional, y es algo que nuestra desarrollada cultura del trofeo a veces nos impide comprender.

Sentencia judicial

Extraordinaria noticia para la caza la reciente sentencia del Tribunal Supremo acerca del litigio que mantenía la Junta de Castilla y León con algunos grupos ecologistas y animalistas, por el que el Tribunal Superior de Justicia de aquella comunidad autónoma había suspendido la actividad cinegética. En un texto de 58 folios, el Supremo no solo da la razón a la Junta de Castilla y León, afirmando que la regulación de la caza está sujeta a derecho, sino que justifica el importante papel social que juega la actividad venatoria en la actualidad. Pensaba hablar en esta columna de este trascendental asunto, pero tan solo hago este inciso puesto que ABC ya lo ha traído a sus páginas.