Deportes

La ambición de Hamilton para un hexacampeonato con "mucho estilo"

La ambición de Hamilton para un hexacampeonato con

Quiso coronarse a lo grande y se empleó hasta el final con la ambición de siempre. No pudo conquistar el triunfo, pero Lewis Hamilton demostró en Austin las inmensas condiciones de un campeón de leyenda. Sin querer saber nada de las calculadoras se lanzó a machete a por la gloria. Fue segundo en la meta, por detrás de Valtteri Bottas, pero su enésima demostración de audacia otorgó aún más lustre a su sexto título mundial. A solo uno de Michael Schumacher, que en 2003 se ceñía su sexta corona también a los 34 años. Aquel 12 de octubre en Suzuka, El Kaiser sólo podía terminar octavo. Ayer, en el Circuito de las Américas, Hamilton lidiaba con la degradación de sus neumáticos para ascender al Olimpo desde el segundo puesto del podio, justo por delante de Max Verstappen. [Narración y clasificación del GP de EEUU][Mundial]

El espectáculo de las últimas vueltas otorga aún más mérito a la hazaña del genio de Stevenage, que repelió un ataque de Bottas al final de la recta de atrás. Un giro después, casi en la misma zona, ya no pudo contener a su leal escudero, disparado a por su cuarta victoria del año. No iban a terminar ahí los nervios en el box de Mercedes, dado que Verstappen apretaba el cuchillo entre los dientes. La fortuna, en forma de las banderas amarillas tras una salida de pista de Kevin Magnussen, sonrió a tiempo a Lewis. "Campeón del mundo. Y lo hiciste con mucho estilo", le cantaron por radio.

Y eso que en las horas previas había avisado que no perseguía "ningún milagro" desde el quinto puesto de la parrilla. Una argucia más, porque la puesta en escena de Hamilton resultó tan agresiva como de costumbre. En la subida hacia la curva 1 ganó terreno a Charles Leclerc para beneficiarse a continuación del roce entre Verstappen y Sebastian Vettel. Instalado en el tercer puesto tras el primer paso por meta, su horizonte cercano no podía resultar más placentero. Lideraba Bottas, aunque pronto quedó en evidencia que la avidez de Lewis alcanzaba un poco más allá.

Ni siquiera parecían intimidarle los baches, genuino distintivo del Circuito de las Américas. Sobre uno de ellos, camino de la curva 9, tropezó Vettel con consecuencias fatales para la suspensión trasera de su Ferrari. El abandono en la octava vuelta suponía un broche consecuente a la desastrosa temporada del alemán. Si hasta hace un año se veía con fuerzas para pugnar con Hamilton por un hueco en la historia, su aciago presente se reduce al de un segundo espada en Maranello. No le resultará fácil mantenerse a la estela de Leclerc, que tampoco debe de andar muy satisfecho con los flagrantes despistes de sus mecánicos, que ayer fallaron en la primera parada, ajustando mal la rueda trasera izquierda.

Las flaquezas de Ferrari contrastan con ese aura de infalibilidad de Mercedes, capaz de optimizar sus recursos incluso en las condiciones más adversas. Los ingenieros de Toto Wolff siempre encuentran el modo de cuadrar sus cuentas. Ayer, en busca de su octavo doblete del año, apostaron por dos estrategias distintas. Igual que la semana pasada en México. "Con este ritmo podrás pelear por el triunfo. Sólo necesitamos que conserves los neumáticos hasta el final de la carrera", explicó Pete Bonnington, el hombre de máxima confianza de Hamilton, que regresó al muro antes de lo esperado. El inseparable 'Bono' no iba a permitir que una baja médica le impidiera participar del hexacampeonato. Hamilton, en cabeza desde la vuelta 36, cuando Bottas pasó por segunda vez a montar las gomas amarillas, debía medir cada esfuerzo para aguantar con el compuesto duro, cada metro más degradado, las embestidas postreras de su compañero.

Ni rastro por entonces de la igualdad de la sesión clasificatoria, con los tres primeros en una décima. Ni las ansias de Verstappen, ni la profesionalidad de Leclerc, a casi un minuto, hacían cosquillas a Mercedes. Con una vuelta perdida, Carlos Sainz se batía el cobre por detrás de Daniel Ricciardo, sujetando a Lando Norris hasta que le duraron las fuerzas. Un domingo torcido desde el toque inicial con Alexander Albon. Un octavo, una vez más, de notable mérito.