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Froome regresa más como reclamo publicitario que como candidato al podio

Froome regresa más como reclamo publicitario que como candidato al podio

Se sube a la bicicleta, clava la mirada en el suelo mojado de Irún y mientras calienta las piernas para el estreno de la Vuelta rememora la plenitud del pasado. Chris Froome sepultó su dinámica acaparadora de podios de las grandes rondas en aquella maldita caída en el Dauphiné de 2019. Desde entonces, sus apariciones han sido esporádicas, casi testimoniales. A sus 35 años, ha entrado en la curva descendente de su rendimiento y ni siquiera él mismo es capaz de valorar sus aportaciones inmediatas. El Ineos le excluyó del Tour y del Giro y ahora le presenta en la Vuelta no como apuesta ganadora, sino para cerrar deudas sentimentales con el mejor corredor británico de la historia. Las relaciones con Dave Brailsford se han enfriado y nada mejor que tomar la salida en Irún para limar tensiones antes de la marcha al equipo de Israel.

Froome regresa a una gran ronda 27 meses después. La última vez fue a mediados de julio de 2018, cuando terminó tercero en el Tour de Francia. Antes venía de arrasar en el Giro, con la general, dos etapas y la Montaña. Era el dominador absoluto, el gran reclamo para organizadores y patrocinadores. Su retorno se produce en una carrera que le catapultó a la élite. La primera grande que conquistó fue la Vuelta de 2011; el estreno en lo más alto del Tour llegó en 2013 y en el Giro en 2018. Siempre ha obtenido elevados réditos en la prueba hispana, con otro primer puesto en 2017 y sendos segundos en 2014 y en 2016.

TEMOR AL FRÍO DEL OTOÑO

Ahora, el ciclista más laureado del pelotón actual afronta con dudas su séptima participación en la Vuelta. «Las tres primeras etapas son muy difíciles y veremos rápidamente cómo me siento. Es una carrera que me gusta mucho, este año será un poco diferente, hace más frío que de costumbre. Nos vamos a sentir un poco como si estuviéramos en el País Vasco durante tres semanas», dijo este lunes el corredor nacido en Nairobi.

«Es extraño pensar que ya no vestiré más los colores del Ineos tras la Vuelta. Voy a correr con la esperanza de terminar con una nota alta para el equipo. Es difícil saber dónde estoy en este momento porque no he hecho muchas carreras por etapas recientemente. Después de las primeras jornadas tendré una estrategia más precisa para el resto de la carrera», recalcó.

COMIENZO EN MONTAÑA

La Vuelta del Covid-19, como sucedió con el Tour y el Giro, estrena calendario para adentrarse en el frío otoñal. Nada es como antes, ni siquiera el arranque de la prueba, que tradicionalmente era una contrarreloj. Este martes, el telón se levanta en una etapa en línea, entre Irún y Arrate, que finaliza en alto. Y es que los escaladores, siempre que la climatología lo permita, dispondrán de terreno para exhibirse, con cinco jornadas de alta montaña y ocho de media montaña. Por delante, las ascensiones a Tourmalet, Aubisque, Farrapona, Angliru, Ézaro (cronoescalada) o Covatilla. Una ronda en la que el favoritismo recae sobre corredores con necesidades reivindicativas tras el último Tour como Primoz Roglic, Tom Dumoulin y Richard Carapaz. Entre las opciones españolas, Enric Mas, Marc Soler, Ion Izagirre y el incombustible Alejandro Valverde.


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