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ERTEs, huidas y "nervios", la complicada situación del baloncesto español por el coronavirus

ERTEs, huidas y

Malcolm Delaney ya había mostrado su inquietud con la situación y el sábado cogió un avión y se marchó a EEUU, en contra de las órdenes de su club, el Barcelona. El miércoles, tras conocerse la intención de la Euroliga de terminar íntegramente la temporada, aunque sea más allá de mayo, protestó en Twitter ya desde Baltimore: «Muchas reuniones y ni una sola para hablar de la salud o la seguridad de los jugadores».

Aunque sí el más llamativo, no es un caso aislado en el baloncesto nacional, que vive en un estado tensa calma toda la crisis desatada por el coronavirus. Porque aunque la zozobra es generalizada, la canasta española es tierra ya de por sí fértil a los sobresaltos. Mientras otros deportes ya han decidido cancelar sine die sus competiciones -el mismísimo fútbol lo anunció el lunes-, la ACB también sigue manteniendo el 24 de abril como optimista fecha de reanudación.

Pero la incertidumbre es como una mecha que consume a gran velocidad la quietud en el seno de las plantillas de la Liga Endesa. Pasadas más de dos semanas desde el último partido y los últimos entrenamientos colectivos -algún club se resistió más de la cuenta a cancelarlos-, los jugadores, recluidos en sus domicilios, no saben muy bien a qué atenerse. Sobre todo los extranjeros, que son más del 70%. «Hay nervios», confiesa Rafa Jofresa, al frente del sindicato (ABP), pues su presidente, Alfonso Reyes, está ingresado por coronavirus en el Hospital Puerta de Hierro. «Pero nuestra postura es apelar a la empatía. Asesoramos jurídicamente, pero en muchos casos tendrá que ser cuestión de talante, de que los clubes sean compresivos con sus jugadores y viceversa», explica el ex base de Joventut y Barça, que pone como ejemplo de indulgencia la situación de los foráneos que están encerrados solos en un piso, de Burgos, Santiago o Andorra, con sus familias a miles de kilómetros. Era el caso de Delaney.

Mientras que en los clubes de la LEB Oro, la segunda categoría del básquet nacional, el éxodo ha sido mayoritario, en la ACB la mayor parte de las plantillas se mantiene a la expectativa. Bicicletas a domicilio, como Valencia, Manresa o Gran Canaria, planes de entrenamiento, vídeoconferencias entre plantillas y cuerpos técnicos... Pero a cada día que pasa de parón, como en tantas otras profesiones, los clubes lo tienen más complicado para resistir económicamente. Y algunos empiezan a tomar medidas.

Varios jugadores del Montakit Fuenlabrada.
Varios jugadores del Montakit Fuenlabrada.

El primero en anunciar un ERTE, para la primera plantilla y el cuerpo técnico, fue el Montakit Fuenlabrada. Después, el martes, el Casademont Zaragoza. El Estudiantes será el siguiente y habrá más. El Barça, por su parte, negocia una bajada del sueldo de los jugadores del 70%... Consideran inviable la situación en el club del sureste madrileño, no sólo por la falta de actividad, también por la complicada situación económica de sus patrocinadores -aunque los ingresos de Endesa y Movistar sigan llegando-. También el Fuenla fue de los primeros en dar permisos a sus extranjeros. Cinco de ellos (Bobrov, Gillet, Karvel Anderson, Jerome Randle y Anthony Brown) ya partieron a sus países, aunque ahora son otros interrogantes los que se abren.

Porque lo hicieron con la condición de volver si la competición se reanudaba, como varios del Obradoiro que también se marcharon, como Melo Trimble, el refuerzo del Estudiantes que estaba de camino, como está sucediendo en varios clubes de la Euroliga (Armani, Villeurbanne, Olympiacos...), pero la incógnita es que, llegado el caso, puedan hacerlo. Tyler Haws, del Bilbao, optó directamente por la huida a EEUU, como Delaney por su cuenta, y el club le expedientó.

«Al principio de la crisis nos transmitieron su preocupación y su interés por poder regresar a sus países. El club les hizo ver que era mejor que se quedaran aquí porque es una problemática global y porque hay la intención y la esperanza de que la competición se reanude. Lo entendieron», confesaba Pedro Martínez sobre sus pupilos del Manresa. Pero, ¿hasta cuándo?